Yace en el piso un cuerpo inerte cubierto de sangre formando un charco debajo de él, sus ojos no esta ese brillo que tanto anhelaba, su hermosa cabellera dorada se va tiñendo por aquél liquido escarlata. En una de sus manos descansaba una admirable gema que era una verdadera obra de arte a la vista de cualquiera. Era un rubí con detalles exquisito, tallado en forma de gota y tan roja como la sangre que aún brota de su pecho que traspasaba la ropa de aquella delicada mujer que un dia fue mi esposa, a la cual yo mismo mate.