cattvly
El concepto de que Kat y Sho sean la primera vez el uno del otro es muy bonito. Onda, son jóvenes inexpertos y nerviosos, todo puede pasar ️
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El concepto de que Kat y Sho sean la primera vez el uno del otro es muy bonito. Onda, son jóvenes inexpertos y nerviosos, todo puede pasar ️
El concepto de que Kat y Sho sean la primera vez el uno del otro es muy bonito. Onda, son jóvenes inexpertos y nerviosos, todo puede pasar ️
No pudiste ser.
Shoto chileno defendiendo a Katsuki como: “¿Cuál es exactamente tu problema con mi pololo? Él no está para soportar tus weas.” JADGVWJM POR FAVOR
@ cattvly POR FAVOR HAZLO, sería genial eres un escritor/a muy hábil y necesito el acento chileno. De un chileno a otro te digo ponele weno a la wea.
Hay héroes que nacen para salvar.
Otros, para arder.
Bakugou Katsuki nunca pensó que su mayor amenaza sería un nombre que nadie entiende y todos temen.
Shoto.
El villano sin afiliación.
El fantasma sin causa.
El desastre que no responde a la Liga ni a nadie, y cuya verdadera lealtad es un vacío imposible de descifrar.
La policía no sabe qué quiere Shoto.
Los héroes tampoco.
Y eso lo hace todavía más peligroso.
Dicen que no es malo porque quiera;
es malo porque no puede ser otra cosa.
Pero cuando un encuentro imposible los cruza sin memoria, sin contexto y sin advertencias, algo que jamás debió ocurrir se clava entre ambos sin que ninguno pueda verlo venir.
¿Puede un héroe amar a un villano que le mintió?
¿Puede un villano amar sin destruir?
Oye como que me dieron ganas de escribir de nuevo
Amigo, esa idea de que Shouto suele dormir acurrucado igual que un gato me mata
Andaba revisando y vi que se me olvidó el borrador VK que tenía, malditasea
La UCIN estaba en calma esa tarde. El murmullo de los monitores llenaba el aire, junto con el sonido suave de las bombas de oxígeno. Shouto revisaba con cuidado el registro de signos vitales de uno de los bebés más pequeños, anotando en la hoja de control los cambios mínimos que había notado.
A su lado, una compañera acomodaba un gorrito sobre la cabeza de otro niño, tarareando apenas para mantener el ambiente cálido.
—Este se quedó dormido tan rápido hoy —dijo ella en voz baja, sonriendo.
Shouto asintió con un gesto ligero, sin apartar la mirada del monitor. Había aprendido a no hablar demasiado en aquel lugar: la concentración y el silencio eran casi un ritual. Sin embargo, disfrutaba de esos instantes donde la vida parecía abrirse camino entre tanta fragilidad.
Se acercó después a otra incubadora, donde un recién nacido agitaba sus pequeños brazos con un quejido bajo. Shouto extendió su mano con delicadeza, rozando apenas los dedos del bebé para reconfortarlo.
—Shhh… ya está bien —susurró, aunque sabía que el niño no podía entenderlo. Aun así, la calidez de ese gesto le hacía bien a él mismo.
Fue entonces cuando la puerta se abrió y el sonido de pasos firmes llenó la sala. No era extraño que los padres llegaran en la hora de visitas, algunos con los ojos hinchados de cansancio, otros con una ilusión temblorosa. Shouto estaba acostumbrado a esas entradas cargadas de emociones.
Pero esa voz…
—¿Alguien podría ayudarme? —resonó grave, algo insegura, con una nota nerviosa que jamás había escuchado en ese tono—. No sé cómo cargarlo muy bien…
El bolígrafo que Shouto sostenía se le resbaló de entre los dedos. El sonido metálico al chocar contra el suelo rompió el murmullo de la sala, pero a él apenas le importó. Su cuerpo entero se tensó, y un frío repentino le recorrió la espalda.
Giró lentamente.
Katsuki estaba allí.
@ MarvelQuenn Nope. La ultima vez que lo vió fue hace seis meses, no terminaron hace seis meses. No escribí el entre paréntesis de lo que pasó esa vez, pero Katsuki estaba con su nueva pareja, y Shouto creyó que las cosas cpodrism resolverse entre ellos. C=
@ bysooul perooo osea,.. si hace seis.meses terminaron, Katsuki le fue infiel? Akxisuxus
Un gruñido ahogado salió del pecho de Katsuki, seguido por una tos violenta que tiñó de rojo la hierba de piedra bajo sus pies. La sangre se deslizó por la comisura de sus labios, espesa y oscura. El cuchillo apretado contra su garganta le impedía siquiera enderezarse del todo.
Mitsuki soltó un chillido quebrado, un sonido que resonó en el salón como un cristal al romperse. Se llevó ambas manos a la boca, los ojos desorbitados, y de inmediato se aferró al brazo de Masaru, suplicante.
—Haz algo, Masaru... —la súplica tembló en su voz, quebrada—. ¡Es nuestro hijo!
Pero Masaru permaneció inmóvil, atado al mismo terror que había paralizado a los guardias.
En el trono, el rey Bakugou se irguió con el ceño fruncido, las venas marcadas en su frente. Su voz, grave y cargada de furia contenida, se expandió por las paredes del salón.
—Bájalo. Ahora. —Cada palabra fue un golpe seco.
Shouto no pestañeó. Su respiración era tranquila, sus ojos heterocromos brillaban con una mezcla de odio y determinación que helaba la sangre. La hoja se inclinó apenas, abriendo una línea escarlata en la piel del príncipe.
—Así lo hiciste tú —dijo, con una calma insoportable—. Frente a los tuyos, frente a los míos. No te tembló la mano cuando degollaste a mi padre. Ni cuando tu espada abrió el pecho de mi madre. Ni cuando tus hombres clavaron sus lanzas en mis hermanos mientras aún respiraban.
Un murmullo inquieto recorrió las filas de soldados. Ninguno se atrevió a dar un paso.
Mitsuki rompió a llorar, doblada de rodillas, llamando el nombre de su hijo en susurros desesperados. Katsuki, pese al dolor y la humillación, mantenía la barbilla erguida, los dientes apretados, los ojos ardiendo de rabia.
—Cállate —gruñó el rey, alzándose del trono con un rugido que retumbó contra las columnas—. ¡No vuelvas a nombrar lo que no entiendes, maldita escoria! ¡Libera a mi hijo!
El peso del omega sobre su torso mordía como una afrenta. Katsuki, que había derribado a hombres el doble y el triple de su tamaño, que había cruzado campos de batalla sin pestañear, ahora yacía inmovilizado en la hierba; un arco tensado le apuntaba al corazón.
Los ojos del otro eran brasas: fríos, peligrosos, clavados en los suyos.
Katsuki apretó los párpados, la mandíbula se le tensó en un gruñido.
—Suéltame, maldito —escupió, la voz rasposa. Las manos tantearon la empuñadura perdida entre la hierba sin apartar la mirada del omega—. No sabes con quién te metes.
La comisura de los labios de Shouto se alzó apenas, sin sonrisa. La cuerda del arco crujió entre sus dedos.
—Lo sé demasiado bien —dijo, voz baja y cortante—. Tu gente asesinó a mi familia. Y ahora me cazan a mí.
Katsuki se quedó rígido un segundo, como sus palabras le hubieran hecho daño. Luego, con rabia en los ojos, escupió:
—¿Lo sabías? —la pregunta le salió áspera, incrédula—. ¿Me estabas esperando?
Shouto rió una vez, seca, sin humor. Inclinó el arco lo justo para que la punta de la flecha presionara la piel de Katsuki.
—¿Esperarte? —replicó, y la punta mordió un poco más—. Llevo años esperando esto. Desde que tu maldito reino bañó de sangre a los míos.
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