Querido Thomas, esta es la primera carta que escribo que yo recuerde. Obviamente no sé si escribí alguna antes del laberinto, pero que no sea la primera, seguramente será la última. Quiero que sepas que no tengo miedo, al menos no de morir, más bien de olvidar, de perderme con el virus; eso es lo que me da miedo. Así que todas las noches digo sus nombres en voz alta: Alby, Winston, Chuck… los repito una y otra vez como una oración, y me vienen todos los recuerdos.
Son los detalles, como los rayos del sol sobre el Área justo antes de desaparecer detrás de los muros. Recuerdo el sabor de la comida de sartén; jamás creí que lo extrañaría tanto. Y me acuerdo de ti, recuerdo cuando llegaste en la caja, un novato asustado que no recordaba ni su propio nombre. Desde el momento en el que corriste al laberinto supe que te seguiría a donde fuera, y eso hice; todos lo hicimos. Si pudiera hacerlo todo de nuevo, lo haría y no cambiaría nada. Espero que tú, cuando recuerdes esto en unos años, puedas decir lo mismo.
El futuro ahora está en tus manos, Tommy. Sé que encontrarás la forma de hacer lo correcto, porque siempre lo has hecho. Cuida a todos por mí y cuídate tú también, mereces ser feliz.
Gracias por ser mi amigo.
Adiós, Tommy.
Newt