Hace un tiempo, una amiga comenzó a leer una novela de más de quinientos capítulos. Yo la veía devorar página tras página, día tras día, como si entre esas líneas estuviera escondida la explicación del universo. Su entusiasmo era tan genuino que terminé tomando la iniciativa de leer el mismo libro, buscando comprender qué maravilla encontraba ella en aquella historia.
Y sí, si me lo preguntas, era uno de los mejores libros que he leído. Sin embargo, ella lo abandonó cerca del capítulo doscientos, simplemente porque los personajes dejaron de actuar como ella deseaba. Fue entonces cuando comprendí algo: la literatura no siempre está hecha para complacernos. Hay historias que no solo se leen, se viven. Y vivirlas implica aceptar sus decisiones, incluso aquellas que no nos gustan.
A mí me ocurrió algo parecido con "loto negro". Intenté leerla, avancé unos veinte capítulos —quizás algunos más— y no pude continuar. Recuerdo haber pensado: “¿En serio lo va a perdonar después de todo?”. Y sí, así sucedió. Aun así, muchísimas personas la recomiendan y la aman, y eso también es válido.
Por eso quiero decir algo importante: este es mi libro. No escribo para complacer a nadie. Escribo porque me satisface, porque disfruto hacerlo. Escribo porque hoy desperté con ganas de terminar esta novela, y quizás mañana despierte queriendo perderme en otra historia distinta. No escribo por las vistas, los likes o los comentarios; escribo porque mis historias son mis universos, y mi mente siempre encuentra refugio en ellos.
Gracias por haber llegado hasta aquí. Lamento que esta historia no haya sido lo que esperabas, pero espero que volvamos a encontrarnos en otras páginas. ❤️