Se sentía demasiado estimulado aunque era capaz de soportar bastante gracias a su esposo, pero aquello había sido distinto, su interrupcion abrupta y sin reparos hasta hacerle llegar al clímax, uní bastante vergonzoso debido a la situación en la que se encontraba, siendo dominado excesivamente por su amado esposo.
──Confío... Mierda... Confío en ti.── Dijo con su rostro medio escondido entre las sábanas sintiendo el sudor en cada tramo de su piel, confiaba en el otro y lo que haría con aquel juguete más sabía también que lo estaba castigando, para que se deshaciera rogando por su verga. Sintió su aliento cálido contra su trasero alzado, uno con un largo historial de mordidas y marcas de toda índole, su esposo tenía una fijación con ellas, morder, azotar o comerle el culo.
Un largo y extenso gemido escapó de sus labios ante su mordida, sus dientes y saliva en su blanca y cuidada piel qué ansiaba ser devorada por su dueño. Más intento ver por encima de su hombro la lejanía del otro sintiendo ya en su cavidad dicho vibrador, se sentía extraño más su cuerpo reaccionó ante aquella vibracion, su pecho se fue hacia adelante y su cadera se Alzó más de ser posible, un lamentable gemido junto a sus puños apretando la suave tela. ──¡carbón! In-ho.── Le reclamo entre dientes, no podía amortiguar la sensación de vibracion con sus manos y el estar en esa posición era difícil, sentía sus piernas temblar levemente y gotas de su anterior orgasmo manchar las sábanas, ese placer era nuevo y le gustaba mucho, se sentía bien al ser constante y que estimulaban su próstata ante la vibracion, era su juguete, el regalo de inho y podía usarlo sin vergüenza, no temio mover su cadera para sentir más cerca de su punto, sentía la saliva ensuciar aquella sábana arrugada y la contante estimulación a su miembro semi flacido e hipersensible. ──cariño, me encanta tu regalo.──