Miren esto fue lo que hice, diganme si no se mueren de risa con Reid porfavooor:
Cinco minutos después apareció Elena. Llevaba las gafas de sol puestas, el cabello recogido en una coleta desordenada y una actitud de "no me hablen o habrá un homicidio".
En cuanto se sentaron en la mesa larga donde ya estaba el resto del equipo, el silencio fue absoluto. Morgan estaba concentrado en sus tortitas, Reid leía un libro del revés y Prentiss estaba muy interesada en el nivel de azúcar de su tónica.
—Buenos días —dijo Hotch, con su voz de mando, mientras se servía café.
Nadie respondió con palabras. En lugar de eso, Rossi carraspeó y deslizó una servilleta de papel por el centro de la mesa hacia Elena. Luego, Morgan deslizó otra hacia Hotch. Y finalmente, Reid, con la cara roja como un tomate, puso una tercera en el medio.
Elena tomó la primera servilleta. En ella, con la caligrafía elegante de Rossi, ponía:
"Resistencia y Tenacidad: 9.5/10. Los cimientos de la posada siguen en pie por un milagro."
Elena soltó un bufido y miró a Hotch, quien ya estaba leyendo la suya, escrita por Morgan:
"Autoridad y Volumen: 8/10. El jefe sabe dar órdenes, pero el cabecero de la cama claramente necesita un poco de mantenimiento."
Hotch apretó la mandíbula tanto que parecía que sus dientes iban a estallar. Pero la estocada final fue la de Reid, quien había escrito con datos técnicos:
"Acústica: 10/10. La madera de pino transmite el sonido a 3322 metros por segundo. Escuchamos el nombre de Aaron 14 veces. Muy instructivo."
—¿Han terminado? —preguntó Hotch, su voz era un susurro peligroso que habría hecho temblar a un sospechoso, pero que solo provocó que Morgan soltara una carcajada ahogada.
—¡Oh, vamos, jefe! —exclamó Morgan, rindiéndose—. No puedes culparnos. Estábamos intentando ver un documental sobre la migración de los alces y de repente parecía que estábamos en primera fila de un concierto de rock.