El sonido de tus pasos resuena en el mármol. La sala es demasiado grande… demasiado silenciosa. La luz fría que entra por los ventanales altos no calienta nada. Las bancas están vacías, pero se siente como si alguien estuviera observando.
Al fondo, sobre una plataforma elevada, un hombre espera de pie, traje oscuro, espalda recta y mirada fija.
Cuando te acercas lo suficiente, un golpe seco rompe el silencio era un mazo de juez impacta contra la madera.
Las líneas del campo de batalla se iluminan bajo tus pies. Higuruma Hiromi te observa como si ya supiera algo de ti que tú no.
──Has llegado lejos.── dice, con voz firme, sin elevarla. ──Eso demuestra fuerza.──
Hace una pausa. Sus ojos no se apartan de los tuyos.
──Pero aquí no se mide solo el poder de tus Pokémon.──El aire se siente más pesado. ──Aquí se revela quién eres cuando estás contra la pared.──
Lentamente, ajusta su guante, como si se preparara para un procedimiento formal y no para un combate.
──Este será tu juicio.── Su PokéBall se abre con un destello sobrio, sin dramatismo. ──Yo solo dictaré el veredicto.──
#¡Hola! ¿Cómo andamos? ¿Todo en orden? Soy Ian, mucho gusto, cuéntame de vos, dime que qué has hecho, si has comido, todo.