Ligero

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Un mes más fue necesario para que pudiera lograr manipular sus moléculas y estar en el suelo sin necesidad de las fórmulas. El traje que Tony le había diseñado había ayudado mucho en su meta de volver a ser normal.

— Buenos días– saludo a Bruce quien estaba almorzando en la barra de la cocina.

— Hola, ¿Cómo te sientes?

— Bien, dormí bien ¿Qué hay de ti?

— No me quejó

— ¿Pesadillas de nuevo?– pregunto ella mientras buscaba las sobras de ayer– ¿Que fue esta vez?

— Nada, no fue nada yo solo...

Se detuvo al ver la ceja levantada de la joven frente a él. Antes de que lograda dominar sus " dones" se había quedado un par de noches con ella y lamentablemente había presenciado sus pesadillas recurrentes que incluían al otro sujeto.

— Sabes que no debes tenerle miedo ¿Verdad?

— No es a él a quien le temo

— Entiendo– se sentó luego de tener su almuerzo– ¿Sabías que eres el mejor?

El sonrió mientras negaba y tomaba un poco de su café.

— Lo eres, digo, si pudiste lidiar conmigo entonces eres el mejor del mundo

— Tú no eres un problema

— ¿Eso crees? – pregunto dudosa–

— Es la verdad– dijo sincero–

— ¡Buen día tórtolos! He traído su periódico diario y a avisarles que tenemos una misión

— No– dijo Bruce serio– No Tony tu... prometiste que mientras estuviera aquí no ibas a meterme en tus asuntos y menos a ella

— Es entrar y salir, es fácil

— En ese caso no nos necesitas– intervino Sia– Además mi contrato decía que solo me encargaría del papeleo, no decía nada sobre misiones

— Bueno, pensé que te gustaría usar tus dones para hacer algo bueno

— ¿Hablas de otra cosa además de no irme al espacio? No, gracias pero no.

— No está en discusión, ambos va a venir así que busquen sus cosas– hablo mientras iba a la salida-

— ¡Tendrá que aumentar mi sueldo!– grito para que la escuchará pero no recibió respuesta–

— Odio esto

— Nos quedaremos en la nave, no nos necesitan pero no quiero tener que lidiar con el señor Fury una vez más.

Hablo ella recordando cuando tuvo que decirle al hombre de parche que el señor Stark no podía hablar con él, por supuesto que a dicho hombre no le agrado que tratara de agentarlo una cita o que le dijera que si quería dejar un mensaje.

— Bien.

Dijo el de mal humor para dejar sus platos en el lavavajillas e ir a su habitación por las cosas que necesitaba que realmente solo eran un par de audífonos y un MP3 con música clásica.

Más tarde

— ¡Señor Stark nos están atacando! ¡¿Acaso no hay nadie que nos ayude?!

¡Maldición!, Sia ahora estoy algo ocupado le diré a Romanoff que...

— ¡Tony, Clint está acorralado, no puedo ayudarlos!– hablo la nombrada por el comunicador–

— ¿Stark? ¿Hola? ¿Me escuchan?

¡Alto! No sigasDonde viven las historias. Descúbrelo ahora