Ellos van contra la corriente, siguiendo sus propias reglas. Sin importarles nada, siguen su rumbo. Su destino.
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Créditos imagen de portada: https://hyueart-old.tumblr.com/
Los personajes no me pertenecen, son creación de Haruichi Furudate.
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Estoy sediento
Quiero tomar un sorbo de tus labios
Estoy sediento
Mi respiración se vuelve más fuerte
Mis latidos se vuelven rápidos
Lo sé, lo sabes
Taemin - Thirsty
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Temática: Lencería secreta/"Mírate en el espejo"
Se miró una vez más en el espejo, sintiendo cómo sus mejillas ardían por la vergüenza y quizá algo más. Pasó las manos por su pecho descubierto, trazando un camino invisible hasta el inicio de su cadera. Tragó saliva con pesadez.
Se preguntó realmente por qué demonios estaba haciendo eso y por qué era tan débil cuando se trataba de Tetsurou Kuroo, su idiota novio. ¿Cómo era posible que siempre terminara haciendo lo que él quería? ¿Así era de débil?
Bueno, la respuesta de seguro era obvia al verse a sí mismo vistiendo una pieza de lencería de color blanco que no dejaba nada a la imaginación. Se pasó una mano por el cabello y suspiró aún más frustrado al sentir lo que tenía puesto allí.
Pero lo más frustrante de todo no fue el haber accedido a la petición de Kuroo; era más al hecho de que... no podía creer que incluso una idea tan estúpida le estaba produciendo sensaciones que él reconocía muy bien.
Estaba emocionado. Y todo se debía a un suceso de una hora atrás.
Su novio, Kuroo, era básicamente una caja de sorpresas. En serio, no sabía con qué cosas saldría de repente y eso era algo que en ocasiones aterraba a Tsukishima; porque sí o sí él se vería involucrado en ello.
Como en ese instante en el cual Tsukishima estaba en el sofá descansando y viendo un documental de la era Paleolítica, cuando de la nada apareció el pelinegro diciendo que le tenía una sorpresa preparada. Recién había llegado del trabajo, le había saludado como era usual y le avisó que había comprado la cena para esa noche, así que no tenían que preocuparse por preparar algo. Después vio cómo el pelinegro se fue a ducharse y, al salir, le mencionó aquello como si nada.
Él no se esperaba nada bueno, más que nada porque la expresión infantil que traía en ese momento fue casi como la de un niño planeando una travesura. De verdad, a pesar de tener casi treinta años, Kuroo solía comportarse siempre como un adolescente que apenas comenzaba a descubrir el mundo. Y aquello no sería precisamente malo si no le gustara siempre arrastrar a Tsukishima en sus cosas.