La hermosa feérica de pelo color aceituna y ojos profundos y negros, llenos de sabiduría, trató de llegar a la torre sin ser advertida por las serpientes aladas. El pánico, denso como una niebla oscura, se había hecho cargo de su pecho, desterrando toda emoción y adueñándose de su corazón. Empezó desde que el cielo había comenzado a tornarse rojizo. Una señal hominosa, un presagio del gran infierno y la tristeza que Idhún estaba a punto de experimentar.
Era una madre feérica encargada de proteger aquellos bosques, donde el viento murmuraba melodías que sonaban a hogar, las hojas revoloteando a su ritmo, y la tierra parecía emitir una vibración de alegría pura cuando se colocaban las manos sobre ella. Y sobre todolos unicornios, plateados y etéreos, sus crines moviéndose al ritmo de su galopar, libres, portando y transmitiendo aquella energía mágica de la que el mundo se alimentaba.
Pero en aquel momento... En aquel momento todo se marchitaba. Lo que antes había estado lleno de vida, envuelto en una cálida sensación de hogar, yacía ahora envuelto en silencio... Y frío... mucho frío.
Aquel sitio que ella había amado y cuidado con devoción —no como quien cuida un territorio, sino un alma— estaba cubierto por una sombra gigantesca y letal. Una oscuridad que parecía tragarse no solo la luz, sino también la esperanza. Lo sentía en el viento que rozaba su piel, casi gimiendo, en el susurro cauteloso y apagado de las hojas. Conforme cada uno de aquellos portadores de magia caía, los silfos se detenían en el aire, horrorizados, y las hadas se deshacían en lágrimas. Y lo más importante, algo dentro de Ilai moría, como quien apaga unas brasas con el pie, a pisotones.
Sus temores se confirmaron cuando unas siluetas largas y sinuosas empezaron a cubrir el horizonte. Y, para horror suyo, empezaron a descender, sus sombras proyectándose sobre las copas de los árboles, tenebrosas y mortíferas. Algunos dispersándose para otros lugares, otros, en busca de presas para matar, o bien gente que someter.
Acunó al pequeño entre sus brazos, al que había apretado contra su pecho, volteándolo contra su cuerpo en un intento de que lo que en un principio había sido un paseo no dejase de serlo para el pequeño infante de meses. Era ya tarde, sin embargo, puesto que Zaid no había dejado de llorar todo el tiempo de la conjunción, retorciéndose entre sus brazos, por más que Ilai tratase de transmitirle toda la calma que pudiese, tarareando una melodía tranquilizante.
Ilai tomó su decisión. Irían a Kazlunn. Tenía la esperanza de que su Jerde estuviese segura con ellos y sería mejor que Zaid se quedase en un lugar protegido y fortificado, con magos capaces de protegerlo mejor que ella. Además, Sabía que aquel bosque sería más seguro que aquel, donde los shecks habían decidido asentarse. Oía ciertos sonidos de lucha, pero Ilai sabía que sería inútil.
Desde Alis Lithban, Ilai empezó su viaje. Lenta pero inexorablemente, se movía hacia Kazlunn, imperceptible como una sombra en medio de la noche. Evitaba caminos principales y se movía por los bosques, siempre por lugares en que su conexión con la naturaleza era más fuerte y podría detectar peligros antes de que estos los detectaran a ellos. Haste que, a lo lejos, divisó el reino de Sia.
Al llegar a Sia, descubrió que el reino que antes era todo gente, risas y vitalidad había desaparecido. Ahora solo quedaban ecos, y cenizas que se esparcían por el viento como los vestigios de las almas que había poblado los rincones del lugar.
Su corazón se encogió dolorosamente, el dolor haciendo mella en ella y casi derribándola, como un puñal que le revuelve las entrañas. "No, no, no... Por favor... Espero que hayas huido...", pensó, pero sabía que era imposible que estuviera vivo...
Y al norte de Sia, lo encontró. Sus ojos, de un azul profundo, se hallaban abiertos, llenos de un horror que seguro había percibido segundos antes de que lo encontraran. No tenía signos de muerte física, pero Ilai sabía el tipo de muerte que los shecks solían preferir. Cortando los hilos de la mente de sus víctimas, poco a poco, sus presas paralizadas y sin poder luchar, solo obligados a rendirse. Y pensar que Caelon...
Sacudió la cabeza... Y justo a tiempo. Escuchó un siseo cerca de ella. Ilai solo corrió, agarrando con fuerza a lo único que le quedaba, aquel pequeño al que protegería y mandaría lejos de aquella desolación que era la guerra. Perdió de vista a la szis que la había visto, pero por poco tiempo. Tras poco dormir y mucho correr, Ilai se topó de lleno con un control de hombres-serpientes, que dieron aviso a los shecks.
Y siguió corriendo. La mujer sabía que no habían visto a Zaid. Había logrado traer con ella unas flores que, con la voluntad de quien las manipulaba, podría mantener una ilusión, por no mucho tiempo. Así que corrió con todas sus fuerzas, hasta llegar a Kazlunn.
Había alimentado al pequeño Zaid haciendo paradas de varios minutos, oculta entre el follaje, dando gracias que su color de piel marrón verdoso pudiese confundirse con la corteza de los árboles. Parecía comprender que los perseguían y no había omitido ningún ruido, para fortuna de Ilai. Pero sabía que no podía mantenerse quieta en un mismo lugar.
Finalmente, cuando las puntas de las torres se visualizaban en el horizonte... Un latigazo de dolor en su espalda la hizo casi derrumbarse de bruces en la hierba. Una flecha le había acertado, y el veneno szis ya estaba entrando en su piel, una oleada de frialdad que ya se estaba extendiendo por su sangre. Zaid soltó un leve quejido, casi inaudible, su mirada buscando la de Ilai, como si quisiera infundirle fuerza y consuelo. Una mano pequeñita acarició su mejilla, con esa ternura característica de un niño, como si dijera "venga, sigue, estoy aquí".
Su madre, agotada, sollozó y se dejó caer de rodillas, respirando con dificultad. Sabía que no debía rendirse, pero que el veneno era mortal. Una parte de ella quería simplemente dejarse llevar... No resistir más...
Su instinto de proteger a Zaid pudo más que el deseo de reunirse con su amado. Desde que había visto aquellos ojos violáceos, Ilai se había hecho la promesa de que nunca los vería sufrir. Por lo que, con determinación renovada, se prometió que aquella no sería la última madrugada que Zaid viviría, que, aunque eso le costara la propia existencia de Ilai, él debía sobrevivir.
Con la vista nublada y la cabeza dándole vueltas, se levantó apoyándose de un árbol, el otro brazo sosteniendo firmemente al bebé, pegado a su pecho. Siguió corriendo, aunque su ritmo se había reducido considerablemente. Rodeó una colina... Casi estaba... Y finalmente, llegó ante las puertas y levantó la aldaba que la decoraba.
Luego, exprimiendo su último aliento, se alejó lo más rápido que pudo. Diversas flechas incendiarias ya salían de las torres, disparando a los dos shecks que el hada había traído. Zaid la miró, con dolor en sus ojos, viéndola marchar sin emitir sonido. Sabía que su madre no volvería por él.
Volvió la vista hacia el horizonte, divisando una silueta alada y sinuosa huyendo tras ella, casi a punto de atraparla. Bajó la cabecita con miedo, acurrucándose más en la pequeña manta de lino que su madre le había tejido, queriendo ser invisible ante aquel mundo de destrucción, hielo y tiranía que se estaba levantando de su destierro.
Y así lo encontró Aile Alenai, más adelante Allegra Dascolli, pequeño, indefenso... y decidió que aquel pequeño ser de luz no debía ser consumido por la oscuridad. Él solo la miró, aquellos grandes ojos violáceos destellando con dolor de una pérdida que Zaid no debería de conocer siendo tan pequeño.
—Shh, pequeño, estás seguro aquí —susurró el hada suavemente mientras entraba a la torre, meciéndolo y acariciando sus brazos. Zaid solo se aferró a la túnica de la maga, y ella se juró protegerlo, no importaba cuán lúgubres eran las circunstancias.
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Nop, no soy buena en esto de poner nombres
Prólogo listo, ¿qué les parece?
Voten y comenten plis
Abrazos
Edición del 12/07/2024. He cambiado el nombre del protagonista a Zaid (gracias GPT :D). Significa crecimiento y abundancia, refiriendo a un corazón generoso y empático. Además, el 30/07, se añadieron atributos físicos a Zaid, y, el 13/06/2025, se reescribió el prólogo, dándole un poco más de melancolía y drama al asunto.
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Blackrose ☪ HARRY POTTER
FanfictionZaid Blackrose es de otro mundo y su piel y cabello es diferente a los de los demás, pero eso no le impide hacer amigos. Lo que sí lo frenan son las órdenes y decisiones de su hermana mayor sobre él y ese otro mundo. ¿Logrará sobrellevar Zaid todo l...
