Cap5

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Secuestrada por un idiota sexy:


Sus labios me sortearon y solo lo miré. Pegué un pequeño grito cuando él me tomó en estilo princesa y me metió a su auto. Comencé a gritar como loca. ¡Demonios, me van a violar! (aunque, con lo bien que besa, yo me dejo).

—¿A dónde demonios me llevas? ¡Detén el auto ahora! —Él solo gruñó y aceleró. Me asusté; ya me veía en una zanja, muerta, y a mis hermanos en la calle junto a mi madre llorando (eso nunca).

—Por favor, detén el auto —lloré ante la imagen de mi familia (no dejaré que eso pase). —Haré lo que pidas —él paró. Rápido, intenté salir del coche, pero no lo logré; el seguro para niños (¡demonios!).

—No llores —su voz calmada y esos ojos atrayentes solo hicieron que mi corazón latiera desbocado por segunda vez en lo que va de este extraño encuentro. —No te haré daño —era extraño; algo en mí insistía en que era verdad, en que él no me haría daño, en que debía quedarme quieta. Pero ese sentimiento irracional fue opacado por el tintineo de mi teléfono, que indicaba que mi madre llamaba.

—Atiende —me susurró el desconocido. Asentí y lo hice.

<<Hija, ¿te pasa algo?>>

Solo la escuchaba en el altavoz y veía la cara de mi secuestrador.

—No, mamá —mentí, intentando calmar mis nervios y concentrarme en mi madre.

<<Cariño, no lo has conseguido, ¿cierto?>>

Solo me callé. Ella solo confirmó lo que había dicho. Unas lágrimas amenazaban con salir, y mi instinto las reprimió; ella no puede oírme llorar.

<<Chiquita, está bien, no es tu culpa. Ese infeliz solo quería llevarme a su cama y, como me negué, me ha tomado en contra de nosotros. Pero descuida, quemaré su casa y le arrancaré las bolas por cabrón.>>

Solo sonreí, evitando una carcajada. Al contrario, tiendo a tener más humor negro.

<<Cariño, princesa, escucha. Yo conseguiré ese dinero y pagaré nuestra hipoteca. Saldremos de esta, ¿sí?>>

—Mamá, no es justo. Esto no es justo. Ese cabrón se está aprovechando de nosotras. Nos quitará la casa. Mamá, ¿qué pasará si eso sucede? Mis hermanos y tú quedarán en la calle. No tenemos familia a la que acudir, y mi pad... ese otro bastardo no nos ayudará. Estoy que me pego un tiro —no me importó la presencia de aquel extraño, ni que sintiese lástima por secuestrar a una estúpida niña que ni dinero tiene.

<<Hija, no llores, ¿sí? Lo solucionaremos. Esto pasará.>>

Sentía la voz rota de mi madre. Sabía que ella también quería llorar. Ella sabía que era difícil salir de esto, que seríamos desalojadas en un abrir y cerrar de ojos y que ni ella ni yo lograríamos evitarlo. En mi mundo de depresión y desilusión, pesimismo y arrepentimiento, un arrebato del teléfono me hizo mirar a mi secuestrador. Solo lo miraba con los ojos aguados y el corazón en el piso.

—Buenas tardes, señora. Mi nombre es Liam Quinn. ¿Me podría explicar su situación actual con eso de su hipoteca? Creo que puedo ayudarles con ello —su voz sonaba calmada, relajada, como la de un licenciado decidido. Intenté intervenir, pero él me tapó la boca y me hizo una señal para que guardara silencio.

<<Hola, un placer, Liam. Mi nombre es Roxy y, bueno, la situación en la que nos encontramos es un poco problemática y vergonzosa de contar a un extraño, pero con gusto mi hija puede decirle.>>

La voz de mi madre sonaba tranquila, pero en el fondo sabía que ella estaba o fantaseando con que el extraño que le habló era mi novio o que estaba internamente a la defensiva por no ser yo quien le hablara, sino un extraño.

—Su hija se niega a hablar del tema, por ello quisiera que usted me lo diga. Es un poco testaruda y no dudo que me ignorará y acabaré perdiendo mi tiempo —mi madre suspiró y yo solo lo observaba incrédula. Es extraño; él nunca me preguntó, ni siquiera le interesó, pero este imbécil tiene razón: hubiese perdido su tiempo, no habría dicho nada.

<<En ello tienes razón, mi hija es orgullosa y no es de hablarle sus problemas a los demás. Bueno, te cuento: mi esposo... ex  esposo, nos abandonó. Al ser yo, leix y mis tres hijos pequeños, no hemos estado al pendiente con la hipoteca. Además, un cabrón bueno para nada me ha intentado meter a su cama y, como me he negado, me ha aumentado la hipoteca y me negó el préstamo. Mi trabajo no me da lo suficiente como para pagar la nueva deuda.>>

Mi ira se notaba. Escuchar a mi madre hablar de nuestra situación a un extraño y saber que yo no puedo hacer nada me irrita.

—Señora, sé que esto le va a sonar raro —se rasca la nuca—, pero ¿me podría pasar su dirección? Iremos para allá. —Me sentí aturdida. ¿Cuáles eran sus intenciones? En mi cabeza solo resonaba por qué mamá no se la diera y que este secuestrador raro me dejara ir y no involucrara a mi familia.

<<Claro.>>

Él cortó la llamada y un mensaje llegó. Puso el motor a funcionar y arrancó en una dirección que conocía ya: mi casa.

ALFA MATEDonde viven las historias. Descúbrelo ahora