Prólogo

37 3 0
                                        

—¿Por qué haces esto?

Su pregunta se oye de la nada. Volteo a verlo para acercarme a donde está y sentarme en la esquina de su cama. Sus ojos verdes me miran con atención y curiosidad, al mismo tiempo puedo notar como su entrecejo se frunce un poco.

—¿Que cosa?—pregunto en voz baja, no quiero que sus padres se despierten y lo vean en este estado, de igual forma lo verán pero ahora mismo no quiero.

—El no irte de mi vida.

Mi mirada se aparta de la él sin poder evitarlo.

Yo tampoco lo sé, me lo he preguntando tantas veces pero simplemente no puedo alejarme e ignorarlo. Siento que muy en el fondo ambos necesitamos de nuestras compañías, de convivir nuestros caos y nuestros mejores momentos. Antes no creí que su presencia iba a ser tan importante para mi, pero esta noche si. Esta noche al sentir aquel miedo y preocupación, me di cuenta de lo importante que se ha vuelto Elliot en mi vida.

—Porque me importas.

Las palabras salen tan fácilmente de mi boca que yo misma me sorprendo. Observo cómo de sus ojos se desprende un brillo distinto esta vez, como si jamás le hayan dicho aquella frase. Él intenta incorporarse en la cama pero suelta un quejido y cierra los ojos por unos segundos.

—No te muevas, tarado—le reprocho para sentarme más cerca de él— necesitas descansar.

Él suelta una risita adolorida y me agarra la mano para observar mis anillos. Nuestras respiraciones se escuchan lentas en la habitación, la cual se encuentra a oscuras; iluminada únicamente por aquella lámpara de lava que tiene en su mesita de noche.

—No tenías que haber dejado a tus amigos en la fiesta—dice con la voz ronca y sin dejar de ver mis anillos.

—¿Y dejarte ahí tirado?—frunzo el ceño— no.

Él suelta un suspiro para encogerse de hombros. Nuestras manos se separan, observo como su pómulo se ha vuelto un poco más oscuro a cómo lo tenía antes.

—No pasa nada.. ya me acostumbré a estarlo.

Sé que no solo se refiere a estar literalmente tirado en el suelo y eso hace que mi corazón se apriete.

—No digas eso..—aprieto su mano— jamás te acostumbres a las cosas, no son para siempre.

—Tal vez..—se lleva una mano a su desordenado cabello— pero para mi si lo son.

Niego con la cabeza y lo miro fijamente, observo que sus ojos se han puesto aguados y un poco rojos. No se que decirle para que se sienta bien.. mi cabeza en estos momentos no está tan bien como para elegir las mejores palabras de aliento.

Quizás no debí tomar tanto vino.

Sin pensarlo mucho, rodeo la cama y me tumbo a su lado. Al ver que él no se molesta por tener mi presencia tan cerca, apoyo mi cabeza en su pecho y lo abrazo con cuidado.

—Vas a estar bien—murmuro para cerrar lentamente los ojos.

Él no responde nada pero si siento como su brazo derecho se coloca encima del mío para acariciarlo suavemente.

Y de la nada.. el sueño nos vence.

Elliot  (actualizando)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora