Charla amistosa

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Enero del 2017.

Las semanas corrieron más rápido de lo que creí. Empezando porque, a pesar de que pasaba solo la mayor parte del día, sentía que mi vida era productiva.
En un parpadeo de ojos, nos entregaron calificaciones del primer parcial, y como siempre, saqué altas notas.
Siempre sentí que la escuela no encajaba conmigo; los profesores nos enseñaban cosas y a todos les parecían difíciles de aprender, pero para mí, era lo más sencillo del mundo.
Normalmente, era yo quien opinaba sobre los temas, pero sólo en clase de historia.
Me había vuelto amigo de Sofía -la amante de la repostería- y más tarde, también de sus amigos.
Formé parte de un concurso de dibujo con ellos. No ganamos ni nada, pero al menos pudimos presentar un cartel sobre La Revolución Mexicana con el grupo.

El 19 de septiembre, hubo un suceso que nos tomó por sorpresa a todos: el terremoto. Ese día, la tierra se sacudió y, a consecuencia de esto, se perdieron vidas. Mi mamá estaba trabajando, y mi hermana, en la escuela, al igual que yo.
Los tres estuvimos bien, pero a partir de ésta situación, nos dieron un mes de vacaciones. Regresamos a clases en octubre, cuando Protección Civil dio la aprobación.
Después de eso, todo fue fácil para mí. Mi mamá fue despedida de su trabajo como mesera, pues el local se derrumbó durante el temblor. Ahora, trabajaba sólo en ventas desde casa, lo cuál hacía que poco a poco nos empezáramos a comunicar más.

Logré tener una beca, lo cuál hizo que tuviéramos otra fuente de ingresos. Así que, en general, todo iba de maravilla.

Pasamos la Navidad en casa, comimos pollo y ensalada de manzana. La nevada llegó con azote hasta la puerta de nuestra hogar. Habían temperaturas muy bajas, y lo único que veíamos era gente con grandes abrigos de segunda mano.

Fueron fechas muy nostálgicas, ya que no invitamos a ningún familiar a la cena, sólo fuímos mi madre, mi hermana y yo. Cantamos villancicos. Fernanda recibió dos muñecas y unos zapatos de regalo. A mí mi mamá me dio unas camisas y una polera.

No fue nuestro mejor diciembre, pero la pasamos bien.

Enero llegó, y con él, el inicio a clases. Nuevo parcial, nuevo inicio. Yo dejé de hablar con Paula desde el año pasado, sólo la veía en ocasiones con otros amigos suyos, pero prefería no topármela con intención de conversar.
La profesora de ciencias sociales se había enfermado, así que estuvimos en la necesidad de tener a un suplente. El nuevo maestro era mucho más exigente, lo cuál significaba que debía duplicar mi energía para las tareas.

-"Autoridades en el desarrollo del adolescente". Se necesitan a los padres, es imprescindible, pero también a los profesores. Eso es lo que los jóvenes de ésta época necesitan: disciplina. La próxima semana me van a entregar el primer proyecto del parcial dos, será una maqueta y una presentación en Powerpoint, sobre los elementos esenciales en el desarrollo humano. No quiero trabajitos hechos como niños de kinder, háganlos bien. El trabajo va a valer el 70% de la calificación del parcial, así que denle -. Comentó el maestro.

El trabajo debía ser en equipo, así que la mayoría de las personas en el salón comenzaron a hacer grupitos.

-¿Tú y yo? -. Me preguntó Sofía, sonriéndome.
-No, gracias. Estoy mejor si lo hago sola -le respondí, devolviéndole la sonrisa -perdón, así mejor, ¿va?
-Está bien, como quieras -. Contestó, resignada.

Llegó el receso y, como había hecho estos últimos meses, comí con Sofía, con Adrián -quien era ex de Sofía, mayor que yo por un año-, y Juan Pablo, otro amigo de ellos, de la misma edad que Adrián. Los cuatro formábamos parte del equipo de arte, lo cuál nos dejaba en la única responsabilidad de hacer los periódicos murales de cada mes, y poner la decoración en eventos grandes en la escuela, como el festival navideño, por ejemplo.

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⏰ Última actualización: May 26, 2021 ⏰

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Con amor, Daniel.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora