─Tal vez lo de la caldera podamos dejarlo para mañana, cariño ─dice Helen para cortar la tensión del salón.
Aparto por fin la mirada de ese chico y veo a Helen haciendo una mueca a su marido para que note nuestra incomodidad. Y se lo agradezco en lo más profundo de mi alma.
─Pero los chicos se estaban quejando y... ─la voz del señor Daniel se silencia ante la mirada de que le lanza su mujer─. Bueno, no pasará nada por una noche. Mañana también podemos hacerlo y así Beth podrá descansar.
─No pasa nada ─digo sin pensar. Maldita sea. Si no fuese porque me da pena el señor Daniel habría aceptado y ya me estaría largando de aquí.
─De verdad, cielo, mañana lo harán ellos ─insiste Helen.
─De eso nada, no podemos dejar que haya quejas y menos el primer día. ¿Vamos? ─le digo al chico que por lo visto debo de hacerle gracia porque no para de mirarme aguantando una sonrisa.
─Te sigo ─contesta. Pero su voz no se parece nada a la voz de Will. La de Will suena más ronca y la de este chico suena como si siempre estuviese divirtiéndose.
Salgo de la casa con él pisándome los talones y tengo que recordar cómo era eso de caminar porque tenerle tan cerca y justo detrás hace que me ponga nerviosa. Caminamos en silencio hasta el cuarto de la caldera y siento que se me hace eterno, pero respiro hondo en silencio cuando por fin llegamos.
─Es ahí dentro.
Él se coloca muy cerca de mí cuando abro la puerta para mirar lo que hay dentro, haciendo que me eche rápidamente hacia atrás y me dé en la cabeza con la puerta.
─¿Estás bien? ─pregunta con una sonrisa pícara en la cara antes de entrar al cuarto sin esperar ninguna respuesta.
Pongo los ojos en blanco y entro un poco con él para encenderle la luz. La caldera aparece ante nosotros y él comienza a arreglarla de una forma que no entiendo, así que salgo de nuevo fuera para esperar.
─Que pequeño es el mundo, ¿verdad? ─grita de repente.
─¿Tú crees?
Escucho su risa salir del cuarto y me apoyo incómoda sobre la pared. Si no fuese porque no me fío de este tío le dejaría aquí solo.
─¿Estás aquí estudiando o los señores Collins son familiares? ─grita de nuevo para que quede claro que le he escuchado y no pueda ignorarlo.
─Estudio aquí ─contesto cortante.
Por fin parece que ha pillado la indirecta de que no quiero hablar con él porque no vuelve a hablar. Después de un buen rato en el jardín en un completo silencio me aparto de la pared y me giro, pero su cuerpo de repente está a escasos centímetros del mío y me choco sin querer con él.
─Pensé que te habías ido ─dice como si nada.
─¿Qué? ─respondo intentando mantener la calma─. ¿Irme por qué?
─No sé, como no hablas.
Cierra la puerta del cuarto y comienza a andar hacia la casa de los Collins, así que le sigo rápidamente.
─¿Siempre eres así de callada? ─pregunta de nuevo, pero no le respondo─, ¿incluso con mi hermano?
Esa última pregunta consigue que frene en seco y le lance una mirada de advertencia, pero cuando se gira a mirarme sólo parece hacerle gracia.
─Tú y yo no nos conocemos de nada. Ni siquiera conoces a Will, así que te agradecería que este tema no vuelvas a sacarlo ni a hablar de Will como si lo conocieses. No sé que rollo raro te traes, pero eso no va con nosotros ─suelto de golpe como si llevase tiempo deseando decírselo.
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Pasión Incontrolable
Teen FictionEl destino no se lo ha estado poniendo nada fácil a Beth y Will desde que se conocieron, pero cuando sientes que ese amor es incontrolable no tienes otra opción que luchar por él. Después de encontrarse en Las Vegas y conseguir terminar con algunos...