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-Perdone… - el hombre de la tienda se me quedó mirando con expresión piadosa cuando se percató de mí presencia. Parecía bueno y bastante inocente. Genial. Me acerqué a él con carita de cordero degollado, jugueteando con mis manos intentando aparentar inocencia y timidez. – Usted es ¿El dueño de la tienda? – murmuré, con voz bajita y tristona.

Tosí un poco para darle más realismo al personaje que interpretaba.

-No, chico. Yo soy el hijo del dueño. – chico dice. Igual tengo más años que tú, mequetrefe. - ¿Por qué? ¿Quieres algo? – asentí sumisamente con la cabeza.

-¿Me puede decir cuanto cuesta esa guitarra de ahí? - señalé la Gibson Les Paul serie Custom con el dedo. El dependiente sonrió al verla y se giró hacía mí, con una sonrisa que ni para un anuncio de Colgatte.

-Esa es el ojito derecho de mi padre, chico. Es una Gibson Les Paul serie Custom… - si, ya sé como se llama. Al grano. – Vale alrededor de 3400 dólares. No estoy muy seguro. ¿Te interesa? – asentí con la cabeza.

-Mi hermano tenía una como esa, era igual. Era de mi papá. Pero hubo un incendio en casa y se quemó y ahora mi papá no puede tocar la guitarra, se le quemaron las manos. – el dependiente palideció.

-Vaya, que… pena… - forzó una sonrisita. Yo forcé otra, más tristona.

-3400 dólares es mucho dinero. Mi hermano no me ha dado tanto. – hice un puchero.

-Oh, ¿Quieres la guitarra para tu hermano? – se inclinó sobre mí, como si fuera un mocoso con una piruleta en la boca con el que debía ser amable. Joder, que chico más tonto, ¡Pero si era más alto que él!

-Es mi hermano mayor. – asentí. – Me dijo que le comprara la guitarra más bonita que hubiera en la tienda con nuestros últimos ahorros, para tocarla en Navidad. – suspiré dramáticamente – Nuestra última Navidad juntos.

-¿Su última Navidad juntos? – lo miré a los ojos con la cara más patéticamente penosa que tenía, con las cuencas de los ojos llenas de lágrimas.Tenía pensado en una medida desesperada romper a llorar en cualquier momento.

-Mi hermano tiene sida. – el dependiente tragó saliva. – La agarro cuando estuvo en África, ayudando a los más necesitados.

-Pe-pero… ¿El sida no se contagia por contacto sexual?

-¡Por contacto con la sangre zero positivo! Allí, poniendo vacunas a todas aquellas pobres personas… Era inevitable que el bueno de mi hermano acabara pinchándose con una aguja no esterilizada infectada con el virus. – Yo la verdad es que también, estaba haciendo tan bien el papel que me lo empezaba a creer. – Los médicos dicen que le queda poco más de un mes de vida, así que ha decidido volver a casa para morir dignamente, con los suyos. Su último deseo es tocar una última vez una guitarra… parecida a la que nos tocaba papá antes de que… de que… snif… - se me saltaron las lágrimas solas, imaginando a Mark en una camilla de hospital muriéndose. Uss, me angustiaba el sólo pensarlo.

-Chico, no llores hombre… - el hombre no sabía que decir para consolarme. Tenía una cara de, joder, que pena ¿Qué hago? ¿Qué le digo?, que no podía con ella.

-Ais… no pasa nada, no pasa nada. La vida sigue ¿no? – el asintió frenéticamente con la cabeza, sonriéndome amablemente. – Bueno… hasta que el cáncer de pulmón se me extienda lo suficiente y deje de respirar.

-Mierda…

-¡Pero claro, eso no es un problema suyo! La guitarra es demasiado cara, ¿Qué se le va ha hacer? - El hombre asintió con la cabeza, con pena. – Bueno… - empecé a caminar, cabizbajo, arrastrando las piernas hacía la salida de la tienda de música. – Igual aún nos sirve el viejo ukelele con el que mamá se cortó las venas al ver que sus dos hijos se morían entre horribles sufrimientos… snif… pobre mamá. – miré hacía atrás.

Doll (Markhyuck)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora