Dependencia

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Cuando era bebé dependía de mi madre para comer, dormir e incluso para que me cambiara los pañales. Fui creciendo y aprendí a ir al baño sola, limpiarme sola e ir a la cama sola, sin el calor de mamá.

Cuando era niña dependía de mi padre para jugar a los avioncitos, para que me leyera un cuento antes de dormirme, cruzar la calle, entre otras cosas. Pero fui creciendo y aprendí a hacer amigos con los cuales jugar, aprendí a leer libros por mi propia cuenta y pude comprender que para cruzar una calle el semáforo tenía que estar en verde.

Fui adolescente, quería pensar que no dependía y ya nada me impedía hacer todo por mi propia cuenta. Exploré muchos mundos, uno más diferente que el otro, comprobé las cosas que me gustaban y las que no, sin que nadie me dijera que estaban bien o mal. Me solté, respiré el mundo y lo pincelé a mi modo. Fui caos, pero no había problema.

Por lo que nunca deseé tanto ser dependiente de alguien como lo soy ahora.
He estado aprendiendo que la dependencia es también emocional y que yo la estoy sintiendo, la toco cuando necesito los brazos de mi madre para dormir, cuando no puedo caminar sola en la calle porque me hace falta la mano de mi padre, o cuando lloro y siento que ni las lágrimas puedo secarme sola.

La dependencia existe y la he sentido toda la vida, antes solo deseaba ser libre y sin nadie que se preocupara por mí, ahora lo único que deseo es que no me dejen sola.

Cuando todo da vueltasDonde viven las historias. Descúbrelo ahora