Capítulo III

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No hubo más palabras sobre pareja ideal o formalizar, simplemente empezaron a planear su viaje.

— ¿Dónde viven todos tus hermanos?

— Pues a los que hace mucho tiempo que no veo es a mis hermanos omegas...

Aquello bastó para confirmar sus peores presentimientos. Todos los hermanos de JungKook habían sido vendidos por falta de recursos.

— Bueno, dime dónde están.

— Uno vive en Busan, es mi hermano, el único hermano omega que tengo. Mis hermanas omegas viven en el extranjero. Una vive en Miami, otra en Iowa y tengo otra que vive en Nueva York. La quinta vive en Ontario y la sexta en Amsterdam.

— Va a ser un viaje largo, sí.

Comenzaron a planear el recorrido.

— Podríamos estar unos siete días en cada sitio...

— ¿Para qué vamos a estar una semana entera en Busan?— preguntó JungKook— no hay nada que ver... de Busan sólo me interesa ver a mi hermano. Cuando terminemos, podremos empezar a viajar de verdad y divertirnos.

TaeHyung rio y accedió.

Una vez planeadas las fechas y lugares, JungKook había quedado en hablar con sus hermanos para comentarles que iba a visitarlos y TaeHyung en hablar con su padre para hacer la reserva del hotel.

— ¿Te apetece ver una peli en el cine?

— Claro, me encanta el cine pero ¿vamos a llegar? Ya es un poco tarde, algunos habrán cerrado...

TaeHyung sonrió y recogió los platos.

— ¡Te ayudo!

— No son tantos.

Llevaron todo a la cocina y el chico condujo a JungKook por uno de los pasillos de su gran casa.

— ¿A dónde vamos?— por toda respuesta, TaeHyung abrió una puerta muy pesada y JungKook se encontró en una sala de cine— ¿va en serio?— preguntó el chico.

— Sí, en verdad sólo la usamos mi mejor amigo y yo para ver pelis de Marvel... pero está bastante bien...

— ¿Podemos ver Iron Man?

— ¡Claro!

Se sentaron hacia la mitad de la sala y TaeHyung puso Iron Man.

— ¿Quieres palomitas?

— Que va, estoy súper lleno.

JungKook se agarró al brazo del chico y se apoyó en su hombro. Nunca se había sentido así de bien con nadie. No quería separarse del chico pero, a pesar de que lo que el chico le había dicho, era muy improbable que ellos estuvieran juntos. Conocía la ley y dudaba mucho que TaeHyung hiciera semejante juramento por él.

Sintió que los ojos se le anegaban en lágrimas, pero no quiso llorar. Parpadeó y tragó saliva.

Cuando la película acabó, se miraron y se besaron.

— ¿Te apetece subir a mi dormitorio?— preguntó TaeHyung, acariciándole las piernas.

— Sí... daddy.

— Tendrás que ser silencioso. Mi padre está en casa.

— Mmm... entonces uno rápido, pero me apetece mucho. Te tengo muchas ganas, TaeHyung.

Volvieron a besarse con ferocidad, mordiéndose los labios, levantándose las camisas y gimiendo en voz muy baja.

— TaeHyung... creo que la sala de cine no es el lugar. Tu madre y yo nunca te hemos impedido traer a nadie a casa, pero ya sabes que las zonas compartidas...

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