Capítulo IV

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Tardaron cerca de tres cuartos de hora en llegar desde la casa hasta la residencia de JungKook. No se habían perdido, pero es que la casa del chico estaba lejos de verdad.

Cuando salieron, miraron extrañados a todos lados, no era de los barrios más pobres, allí vivía gente de clase media. Si podían permitirse esa casa, ¿por qué vendían a sus hijos?

Los señores Kim se miraron, ambos tenían la misma pregunta en mente y sólo tenían una respuesta un tanto siniestra.

Llamaron a la puerta de la casa de los Jeon y le atendió una mujer poco más bajita que la señora Kim, delgada y hermosa. Desde luego, JungKook había salido a ella.

— ¿Puedo ayudarles?— preguntó, con cortesía— ¿se han perdido?

— ¿Es esta la casa de los Jeon? ¿Son los padres de Jeon JungKook?— preguntó la señora Kim, con cortesía.

Le parecía bien empezar a hablar, una omega siempre calmaba el ambiente.

— Sí, él ahora mismo no está. Salió ayer con un amigo y no ha vuelto... ya sabe cómo son los jóvenes. Ha sacado muy buenas notas y como es mayor... bueno, supongo que le he levantado la mano en lo referente a las salidas. Se lo merece— añadió, encogiéndose de hombros.

— Así soy yo con mi hijo— dijo la señora Kim, sonriente— su hijo está con mi hijo— aclaró— ¿podemos hablar?

— Claro. ¿Le ha pasado algo a JungKook? ¿Está bien?

Los señores Kim entraron en la casa y, al momento, vieron al señor Jeon salir de lo que parecía un pequeño despacho.

— He oído algo— dijo, preocupado— ¿ha pasado algo con nuestro hijo?

— Él está bien, está en nuestra casa con nuestro hijo— dijo la omega— tienen un hijo increíble. Es muy atento y cariñoso.

— Aunque no lo parezca, es un omega— dijo la señora Jeon.

— Tiene rasgos muy marcados de omega— dijo el señor Kim— sobre todo con nuestro hijo TaeHyung.

Y, en aquel momento, los señores Jeon supieron por dónde iba la conversación y la reacción en ambos no pudo ser más diferente, gesto que notaron los señores Kim.

— ¿En qué sentido?— preguntó la señora Jeon— ¿son pareja?

— Lo sentimos mucho— cortó el señor Jeon— ¿Cómo puedo compensarles las molestias que JungKook les ha ocasionado? Madre mía, qué vergüenza.

— Creo que no lo entienden— dijo la señora Kim— nuestro hijo, TaeHyung es el alfa de su hijo JungKook, venimos...

— Nuestro hijo ya tiene un alfa— dijo el señor Jeon— Park DaeJoon. De hecho, el cinco de septiembre se van a casar. Lo tenemos todo preparado— el señor Jeon desapareció un momento para volver con unos papeles— ¿lo ve? Están firmados por el Ayuntamiento— suspiró— de verdad, yo siento tanto que...

— Ese documento queda totalmente invalidado porque nuestros hijos se han imprimado el uno del otro. Eso sólo pasa cuando son destinados— dijo el señor Kim— JungKook no se puede casar con Park DaeJoon porque nuestra ley máxima le obliga a estar con su alfa. Y su alfa, nuestro TaeHyung, está dispuesto a hacer el juramento.

Los Kim se quedaron en silencio, valorando a los Jeon y sus próximas palabras, que parecían no llegar.

— A partir de hoy, JungKook va a vivir con nosotros— continuó la señora Kim, ya que los Jeon estaban en silencio— tendrá su propia habitación en nuestra mansión, estudiará lo que él quiera y, si ustedes quieren y él está de acuerdo, podrán verle cuando quieran. Pero rogamos que respeten sus horarios de estudios.

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