El estrepitoso rechinido de las llantas fue seguido por un grito por parte de Fushiguro. Su cabeza prácticamente se estrelló con la lujosa pantalla que conformaba la parte delantera del vehículo. Quedó justo en medio de Gojo y Yuuji.
Rápidamente se sintió desorientado, su visión se tornó un poco borrosa y todo a su alrededor dio vueltas.
—¿Te encuentras bien, Yuuji? —cuestionó Gojo, sin mirar a su lado.
—Sí. ¿Y usted? —Frotó sus ojos al mismo tiempo que trataba de calmar el palpitar de su corazón.
—Muchas gracias por preguntar, yo igual estoy bien —se quejó Megumi, intentó incorporarse sin éxito alguno.
Inmediatamente Yuuji se alarmó. Si su corazón ya estaba acelerado ahora lo estaba aún más.
—¿Qué fue lo que te sucedió, Megumi? —preguntó, pero al ver que el rostro de Yuuji reflejaba un pánico desmesurado condujo rápidamente sin perder la delicadeza. No quería que su hermano se lastimara más.
Se dirigió hacia la entrada principal. No ingresó por el estacionamiento, no vio muy viable entrar por ese lugar en una circunstancia como esta.
Se estacionó lo más próximo que pudo a la entrada ignorando el desastre que provocó en las pobres plantas que el auto pisoteó. Sacó a Megumi del auto. Yuuji tomó al casi inconsciente Omega de un extremo y Gojo lo sostuvo del otro.
En la gran puerta de la mansión ya les esperaban. Un joven mayordomo observaba al trío.
—Bienvenidos, jóvenes amos —Dio una reverencia.
—Hola, Ijichi. Tuvimos un pequeño problema. ¿Podrías traer el botiquín a la sala? —apuntó hacia Megumi y le dio una ligera sonrisa al mayordomo cuando este terminó de dirigirles la reverencia.
Ijichi no se esperó que al alzar su mirada, vería al más joven de sus amos estando casi al borde de la inconsciencia. Por poco y no nota al otro chico que se encontraba con sus amos.
—Megumi tuvo un pequeño accidente —anunció, tratando de sacar a Ijichi de su sorpresa.
—Esto es culpa de Satoru —acusó Megumi—. Un animal como él no debería conducir jamás.
—Podré ser muchas cosas, pero un mal conductor nunca. Aquí el único que tiene la culpa de haber salido volando eres tú. —Lo de animal no lo discutió, al menos no ahora.
—Touche. —Megumi —a pesar de su casi inconsciencia— sabía que tenía razón.
—No, es mí culpa. Yo fui quien le dijo a Satoru que frenara —Una mirada de culpa y tristeza se reflejó en sus ojos color caramelo.
♤
Algunos minutos antes.
Una gran reja metálica de tono gris con acabados al estilo francés se abrió, para dar paso a un enorme jardín: Arboles y pinos perfectamente recortados; en donde habitaban un par de aves, arbustos con frutos adornaban los lados del camino e incluso a la distancia pudo observar —lo que parecía— un lago. Unos alrededores simplemente hermosos y sumamente cuidados.
Gojo le ofreció recorrerlos un poco si es que así lo deseaba, después de acabada su reunión con Megumi, claro estaba.
Aceptó la propuesta con una alegre sonrisa. Ambos se miraron durante unos segundos. Yuuji observó de reojo una ardilla en medio del camino, pero no le prestó atención. Hasta que cayó en cuenta de que iban a atropellarla.
—¡Satoru, una ardilla! —gritó, apuntando al camino—. ¡Frene!
—¿Ardilla? —susurró mirando confundido al frente—. ¡Ardilla! —gritó frenando de golpe.
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Oficina de servicio al Alfa
FanfictionSukuna es un Alfa estudiante de medicina que por necesidad abre su propio negocio junto a su amigo Uraume. Este consiste en ayudar a Alfas a conquistar Omegas. Tiene un hermano menor Omega al que protege mucho, su nombre es Itadori Yuuji. Lo que Suk...
