"El brillaba, el brillaba pero hubo un momento y dejo de brillar"
-¿Vamos al bar esta noche? -preguntó Kaim, uno de los chicos del grupo de béisbol, mientras se secaba el cabello con una toalla.
Estábamos todos en los vestidores, la humedad del vapor seguía en el aire, pegándose a la piel. Algunos llevaban las toallas enrolladas en la cintura, otros simplemente caminaban por ahí sin preocuparse por cubrirse, riéndose, empujándose entre ellos, comentando cosas sin filtro como si el pudor no existiera en ese lugar. Las duchas aún corrían en el fondo, dejando escapar ese sonido constante del agua golpeando los azulejos.
-Mañana tenemos partido de liga contra los 満月のオオカミ -dijo uno mientras subía el pantalón de su uniforme.
Mangetsu no ōkami, los Lobos de Luna Llena. Un equipo formado por una manada china que tenía fama de ser agresivo, técnico y... diferente. El partido se había pospuesto varias veces. Aparentemente, problemas de permisos o viajes internacionales. Finalmente, mañana se daría.
Yo no participaba de la conversación, solo los escuchaba desde mi rincón mientras me terminaba de vestir. Tenía una prueba de literatura en la próxima clase y, para ser sincero, no había abierto un solo cuaderno. Me acomodé la corbata roja frente al espejo del casillero. Mi reflejo me observaba con cara de cansancio. No solo por el entrenamiento... había muchas cosas en mi cabeza últimamente.
Solíamos venir vestidos formalmente al instituto si teníamos entrenamiento antes de clases. Luego, cada quien se cambiaba a su ropa normal o se quedaba con el uniforme. El rector no era estricto con el código de vestimenta, siempre y cuando las notas se mantuvieran altas. Para él, el respeto se medía por promedios, no por camisas planchadas.
Nuestro uniforme era algo peculiar: jeans azul oscuro, camisa blanca con mangas tres cuartos y una corbata roja con un bordado en la punta -un lobo aullando, en hilo negro. Tenía algo simbólico. Algo que nos hacía sentir parte de una manada, incluso si a veces no lo admitíamos.
Me dejé la camisa por fuera, la corbata floja y desalineada, como siempre. Mi cabello ya estaba largo de más. Lo eché hacia atrás con los dedos, luchando por mantenerlo bajo control. Era castaño desde la raíz, con las puntas un poco rubias, un efecto natural que siempre me había acompañado. Mi madre tenía el cabello castaño, y mi padre había sido rubio antes de teñírselo. El resultado en mí era un caos estético, pero ya me había acostumbrado.
-Escuché que ese equipo tiene mujeres en su alineación -comentó alguien, haciendo que el ambiente se detuviera apenas un segundo.
-¿En serio? -preguntó Anghelo, frunciendo el ceño mientras se arremangaba la camisa con movimientos calculados, como si prepararse para una pelea.
-Sí. Zimû, el capitán, aceptó a unas chicas en el equipo después de perder una apuesta contra ellas. Al parecer, cumplieron con el reto, y él mantuvo su palabra -dijo otro con una sonrisa torcida.
Cerré mi casillero y saqué mi chaqueta. La conversación estaba tomando un giro inesperado.
-Un capitán siempre cumple su palabra -murmuró Anghelo, recostándose en su casillero, con los brazos cruzados y la mirada fija en el techo como si reflexionara algo más allá del comentario.
¿Chicas en el campo? Al fin, algo interesante en un partido... pensé mientras me alejaba del bullicio. Ya nadie se acordaba de la idea del bar. La charla sobre las chicas había desplazado todo. Así era siempre, los temas se saltaban como piedras sobre el agua. En fin... la hipotenusa.
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Un Inesperado Mate (#1)
Teen FictionPortada hecha por mí. Yin-Yang: Más que simples mitos #1 * -E-esto no tiene sentido... -murmuró al verme. Ni siquiera sé por qué me emocioné. Como si mi amor de la infancia fuera a corresponderme de la noche a la mañana. -La Diosa Luna seguro se ha...
