02 - Nail Kingahan

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-¿Y...? -Carraspeé, intentando controlar el temblor en mi voz. Mi pecho dolía de una forma que ya conocía demasiado bien, con esa punzada aguda que se repetía cada vez que lo veía hablar de ella-. ¿Al final terminaste lo que preparaste?

Él sonrió. Una sonrisa amplia, radiante. La clase de sonrisa que no podía evitar cuando hablaba de ella.

-Sí. Como estoy completamente seguro de que ella será mi mate, en unos meses le propondré que sea mi Luna. Así no tendrá que irse otra vez en las vacaciones.

Mi propia sonrisa se sintió ajena, como si no me perteneciera. Como si fuera un reflejo vacío, una máscara más en mi colección.

No necesitaba preguntarle para qué había sido el dinero que me pidió hace unos meses. Lo sabía.

El anillo.

El anillo con el que le pediría a Galilea que pasara el resto de su vida con él.

Y yo, como el idiota que siempre he sido, le di el dinero sin pensarlo. Sin dudarlo. Porque si Anghelo me pedía algo, yo se lo daba.

Porque su felicidad siempre había estado por encima de la mía.

Las vacaciones de mitad de año estaban cerca, y esas semanas siempre habían sido las únicas en las que él era solo mío. Eran las pocas fechas en las que Galilea no estaba aquí, en las que Anghelo y yo nos encerrábamos a jugar videojuegos, a ver películas, a hablar hasta la madrugada sin que nadie nos interrumpiera.

Pero si ella se quedaba...

Si ella aceptaba su propuesta, si se convertía en su Luna y jamás volvía a su manada... entonces ni siquiera esos pequeños instantes de felicidad me quedarían.

Sería el final de todo.

Porque desde que ella llegó hace cinco años, Anghelo solo había tenido ojos para ella. Y cuando se hicieron novios, fue aún peor. Y ahora, estaba por darle lo único que me quedaba: el tiempo que compartíamos.

Pero... ¿quién era yo para interponerme en su felicidad?

Respiré hondo, tratando de ignorar el peso en mi pecho.

-Q-qué bueno, amigo -dije con la voz apenas estable, forzándome a mantener mi sonrisa-. Seguramente se pondrá muy feliz con la noticia.

Me tragué mis propias palabras como cristales rotos.

-¿Cuándo se lo dirás a tus padres?

-Después de estas vacaciones de verano. Así ella podrá hablarlo con los suyos y empezar a buscar un reemplazo en su manada. Mientras tanto, yo iré preparando todo aquí -respondió con emoción.

Su entusiasmo me dolió más de lo que quería admitir.

Asentí, fingiendo compartir su felicidad.

-Y pensar que en unos meses cumplirás dieciocho... Serás Alfa.

Su expresión cambió por un momento, tornándose más solemne.

-Lo sé... Estoy emocionado -susurró, con un brillo nervioso en los ojos.

Me obligué a reír y a darle un golpe ligero en el hombro, como si todo estuviera bien. Como si mi mundo no estuviera derrumbándose con cada palabra suya.

-Bien, ve con tu chica antes de que se desespere y piense que la has olvidado.

Porque yo sí podía ser olvidado. Porque a mí nadie me esperaba.

Anghelo sonrió.

-Gracias, Nail. Nos vemos más tarde.

Lo vi alejarse, con su andar despreocupado, con esa confianza que siempre tenía cuando hablaba de ella.

Un Inesperado Mate (#1)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora