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Sunnington fue la siguiente etapa de la carrera de SeokJin. La atravesó sin llamar la atención. No era demasiado bueno en los estudios, aunque mejor de lo que aparentaba, ni espectacularmente bueno en los deportes. La gente se fijaba en él, le apreciaban, pues tenía un rostro franco y amistoso y correspondía a la atención que se le prestaba, pero había bastantes muchachos de su tipo: formaban la columna vertebral del colegio y no se puede detener uno en cada vértebra. Hacía las cosas normales: fue aceptado, una vez aprobado, pasó de curso a curso en la sección clásica hasta que logró pasar precariamente a sexto, fue delegado de curso y más tarde delegado del colegio y miembro del grupo de los quince primeros. Aunque torpe, tenía fuerza y valor físico: el criquet no se le daba bien. Habiendo pagado novatadas, en su época de noviciado, se las hizo pagar a otros cuando parecían desvalidos o débiles, no porque fuese cruel, sino porque era lo que había que hacer. En una palabra, fue un miembro mediocre de un mediocre colegio y dejó una desvaída y favorable impresión tras él. "¿Jin? Espera un momento, ¿quién era Jin? Ah, sí, ya me acuerdo; buen muchacho."

En su interior, él se sentía desconcertado. Había perdido la claridad precoz del niño que transfigura y explica el universo, que ofrece respuestas de milagrosa penetración y belleza."De las bocas de los niños..." Pero no de la boca de un muchacho de dieciséis años. SeokJin olvidó que alguna vez había carecido de sexo, y sólo en la madurez comprendió lo ajustadas y claras que debieron ser las sensaciones de sus primeros días. Él se hundía ahora alejándose cada vez más de ellas, pues estaba descendiendo el Valle de la Sombra de la Vida. Este valle yace entre las montañas más bajas y las más altas, y sin respirar sus nieblas nadie puede continuar. Anduvo a tientas por él más tiempo que los otros muchachos.

Donde todo es oscuro e incomprensible, el mejor símil es un sueño. SeokJin tuvo dos sueños en el colegio; ellos le explican.

En el primer sueño se sentía muy contrariado. Estaba jugando al fútbol contra un desconocido cuya existencia le incomodaba. Hizo un esfuerzo y el desconocido se transformó en MinSik, el jardinero. Pero debería tener cuidado, o si no el desconocido volvería a aparecer. MinSik corría por el campo hacia él, desnudo y saltando sobre las pilas de leña. "Me volveré loco si se transforma otra vez", dijo SeokJin, y, justo cuando fueron a encontrarse, sucedió esto, y un brutal desasosiego le despertó. No relacionó esto con la homilía del señor Seong, y aún menos con su segundo sueño, pero pensó que iba a ponerse enfermo, y después que aquello era una especie de castigo por algo.

El segundo sueño es más dificil de describir. Nada sucedía. Sólo veía un rostro, confusamente, y confusamente oía una voz decirle: "Aquél es tu amigo". Después se borraba todo, dejando en su interior un rastro de belleza y llenándole de ternura. Él podia morir por un amigo así, podía permitir que un amigo así muriese por él; harían cualquier sacrificio el uno por el otro, y nada contaba el mundo, ni la muerte ni la distancia ni las contrariedades, nada de esto podía separarlos, porque "éste es mi amigo". Poco después recibió la confirmación e intentó persuadirse de que el amigo había de ser Cristo. Pero Cristo tenía barba. ¿Sería un dios griego tal como lo mostraban las ilustraciones del diccionario clásico? Era más probable, pero aún lo era más que fuese sólo un hombre. SeokJin se abstuvo de definir más su sueño. Lo había insertado en la vida cuanto podía hacerse. Jamás encontraría a aquel hombre, ni oiría aquella voz de nuevo, aunque se hicieron más reales que nada de cuanto conocía, y volverían...

—¡Jin! ¡Otra vez dormido! ¡Cópialo cien veces!

—Señor... ¡Oh! Dativo absoluto.

—Otra vez dormido. Demasiado tarde.

Y volverían realmente a envolverle, en plena luz del día, a echar un velo sobre él. Después reviviría el rostro y las cuatro palabras tras lo que emergía anhelante de ternura y lleno de deseos de ser amable con todos, porque su amigo lo deseaba, y era bueno que su amigo pudiese quererle aún más. Con toda esta felicidad iba mezclada unan cierta desdicha. Tan pronto parecía que tenía un amigo como que no lo tenía, y así encontraba un solitario lugar para las lágrimas, que atribuía a las cien líneas.

La vida secreta de SeokJin puede comprenderse ya; era en parte brutal, en parte ideal, como sus sueños.Tan pronto como su cuerpo se desarrolló, se hizo obsceno. Suponía que había caído sobre él alguna maldición especial, pero no podía evitarla, pues hasta cuando comulgaba surgían pensamientos sucios en su mente. El ambiente de la escuela era casto, aunque debemos decir que, justo antes de su llegada, se había producido un terrible escándalo. La oveja negra había sido expulsada, y los que quedaban estaban sometidos a una férrea disciplina durante todo el día y a vigilancia durante la noche, así que, para su suerte o su desgracia, tenía pocas oportunidades de intercambiar experiencias con sus condiscípulos. Sentia gran curiosidad por las cosas sucias, pero oía poco y contribuía menos, y sus indecencias más notables las hacía en solitario. Libros: la biblioteca del colegio era inmaculada, pero en la de su abuelo dio con un Marcial inexpurgado y anduvo dando traspiés en él con las orejas coloradas. Pensamientos: tenía una pequeña colección de pensamientos sucios. Actos: desistió de ellos una vez que dejaron de ser novedad, hallando que le proporcionaban más fatiga que placer.

Todo lo cual, para ser exactos, tuvo lugar en un trance. SeokJin se había quedado dormido en el Valle de las Sombras, lejos de los picos de cualquier altura, y no lo sabía, ni sabía que sus condiscípulos estaban durmiendo como él.

La otra mitad de su vida parecía infinitamente separada de la obscenidad. A medida que fue ambientándose en el colegio, fue comenzando a adorar a otros muchachos. Cuando el muchacho elegido, fuese mayor o más joven que él, estaba presente, él reía con más fuerza, decía tonterías y no podía estudiar. No se atrevia a ser amable (no era lo que había que hacer), y aún menos a expresar su admiración con palabras.

Y el adorado le dejaba sumido en la tristeza en seguida, ahuyentándolo. Pero también él tenía sus venganzas. Otros muchachos a veces lo adoraban a él, y cuando se daba cuenta de ello, los ahuyentaba a su vez. La adoración fue mutua en un caso, sintiéndose los dos atraídos sin saber por qué, pero el resultado fue el mismo. En unos cuantos días se pelearon. Todo lo que quedó del caos fueron los sentimientos de belleza y de ternura que él había sentido por primera vez en un sueño. Crecian anualmente, floreciendo como plantas que sólo dan hojas y no muestran ninguna señal de florecer. Hacia el final de su educación en Sunnington, el crecimiento se detuvo. Frente a todo el complejo proceso se alzó un dique, un silencio, y muy tímidamente, el joven comenzó a mirar alrededor.

𝐌𝐀𝐔𝐑𝐈𝐂𝐄  [JinTae] Donde viven las historias. Descúbrelo ahora