¿Que le estaba diciendo el señor Bills?, ¿Era cierto? Claro que era cierto. El señor Bills nunca jugaba con cosas como esas. La verdadera pregunta era ¿Por qué lo involucraba? No lo sabía, no entendía, era una rara situación en la que el dios gato lo quería invitar. Invitar no, mejor dicho, someter, obligar, eran palabras más acordé con lo que pretendía hacer con él. Era la locura más grande en que, en el poco tiempo que lo conocía, lo había metido.
-¡Ya te lo dije! -gritó el señor Bills al Shin-jin- Se quedará contigo durante la apuesta.
-Si, lo sé pero...¿Por qué le dió la forma de vencerlo? -preguntó un confundido Shin mirando con ese mismo sentimiento al dios de la destrucción.
Allí se encontraban discutiendo las condiciones bajo ese enorme árbol que con frondoso follaje daba una agradable sombra y una brisa que era ciertamente como delicadas caricias al rostro.
A lo lejos, a unos cuantos metros estaba Whis con Kasumi. Lejos de la charla de Bills y el Kaioshin, para que no escuchara ninguna parte de esa conversación. El señor Bills le ordenó apartar a Kasumi de dicha discusión, con el propósito de que ninguna información no debida llegara a sus oídos.
-¡No seas ridículo! -le gritó- No soy estúpido, no se la dije.
-No comprendo que pretende, señor Bills -contestó Shin en quien la confusión simplemente incrementaba. Lo que Bills quería, estaba muy, pero muy por fuera de su entendimiento en ese momento.
El señor Bills buscó la calma para no gritarle e intentar explicarle cómo iban a ser las cosas. Esa vez sin omitir detalles para que Shin entendiera y no dejará rienda suelta a una oportunidad de victoria para Kasumi o menos que se le escapara de las manos la situación.
-Ella se quedará aquí, contigo. Considerala como tú rehén, sirviente, esclava, lo que se te pegue la gana hacer con ella. No me importa en lo absoluto lo que hagas en ese aspecto -explicaba el dios gato- Evita que intente escapar, si lo hace me lo informas de inmediato -así llegó al punto más importante- tu serás la razón y la clave de mi apuesta. Pero ella nunca se dará cuenta, lo dudo. No ve más allá de sus simples deseos de venganza y su enorme soberbia.
-Entonces ¿Sabe o no sabe el como vencerlo? -preguntó el Supremo Kaiosama ligeramente más aclarado que al principio, pero aún con esa pequeña duda.
-Aún no, pero no se lo dejaré fácil. Ni a tí, ni a mí, nos combiene decirle -explicó dejando cada vez más claras las cosas- Cuida que no tenga motivos de matarte a tí, ¡Porque sino allí termina todo! -gritó a ese Shin-jin quien hundía la cabeza entre sus hombros cada vez que el señor Bills le gritaba.
-No se ponga así -le pidió con serenidad- Fue usted quien se metió en esto -le dijo Shin tratando que el Dios no le gritara tanto.
No era un niño inmaduro y pequeño, como para que le explicará las cosas de esa manera. No, Bills no estaba enojado, y mucho menos asustado. Ese era su carácter. Solo quería dejar las cosas en claro para que no hubiera la más mínima oportunidad de margen de error. Era injusto para Shin que allí se le metiera; no tenía motivos para andar metido en el juego de Bills.
-Ve el asunto de esta manera -le dijo el señor Bills- A ti te encanta estarte jugando la vida de ambos, ¡Pues entonces hazlo con ganas! -exclamó- ¡Ahora soy yo quien se juega tu vida como tú lo haz hecho con la mía! -reclamos y reproches, eso era lo único que escuchaba Shin decir de la boca del Dios.
-Tres vidas están en juego... -murmuró Shin más como un pensamiento.
-Exacto. Tres vidas están en juego y depende de ti quien gané -lo apuntó con su garra para luego cruzarse de brazos.
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Apostemos
FanfictionUna apuesta entre Bills y una humana dejara un embrollo entre todos. La patrulla galáctica La busca a ella, el Supremo Kaiosama le teme y Bills como si nada. ¿Que es aquello que apostó Bills?, ¿Por qué hay tanto alboroto? Descubran la estúpida, quie...