No lo podía creer. Todo había pasado demasiado rápido.
Recibí la llamada de un número oculto, y decidí ignorarla. Pero siguieron insistiendo, y suponiendo que no era más que algo de mera publicidad o tal vez alguien gastando una broma, decidí responder con la intención de mandar a la mierda a cualquiera que estuviera detrás del otro aparato.
Lo que no esperaba era que nada más hablar me dijeran que había muerto.
Que ella, ya no estaba.
Que mi mejor amiga, aquella con la que había compartido los mejores años de mi vida, ya no se encontraba entre nosotros. Que ya no podría visitarla en su casa, o ella venir a la mía y esperar frente a mi ventana a que yo bajara. Que ya no habría más oportunidades de salir de fiesta juntas. Que todas las estúpidas discusiones que nos habían distanciado no merecían la pena, porque ella ya no estaba.
Dejo caer el teléfono, sin poder creer lo que escuchaba, y mi madre entra rápidamente en la habitación. Pero no la escucho. Mi respiración no deja de acelerarse cada vez más y soy consciente de que me está dando un ataque. Y mi primer instinto me dice que la llame. Pero el teléfono suena y suena, y ella no lo coge. Y ella ya no está.
Mi madre y mi hermana me abrazan con fuerza, mientras yo soy incapaz de decirles nada, o de dejar de llorar en medio de este ataque que me impide siquiera respirar.
Y simplemente me levanto. Me levanto y salgo corriendo de allí.
Tratando de huir de las palabras que me acaban de decir, tratando de huir del presente, tratando de volver a hace unas horas cuando hablábamos por teléfono sobre ir a comer.
Y termino frente a su casa. Viendo como su persiana está bajada, como de costumbre, pero no del todo. La luz de su habitación esta encendida, y puedo ver alguna sombra en ella, indicando que hay alguien.
Pico al timbre tantas veces como puedo mientras espero a que alguien me abra, hasta que responden y yo entro, corriendo por las escaleras hasta su piso. Entro a la casa sin ver a nadie, sin quererlos ver, y la busco, gritando su nombre. Pero no responde. Solo aparece frente a mi un policía, diciéndome que ella no está, que él la mató.
Que no solo la mató en vida durante dos años, sino que también tuvo que arrebatarle hasta el último aliento, arrebatármela cuando empezaba a levantar cabeza, y empezaba a vivir.
Me desmorono una vez más, dejándome caer al suelo entre lágrimas. Su familia no llora. No puedo decir que parece feliz, porque no es así, aunque yo creo que su nivel de crueldad podría hacerles sonreír por haberse quitado un peso de encima.
Pero a mi me han quitado a la persona que fue mi ancla a la vida, que me mantuvo aquí durante años, y que siempre estuvo para mi. Porque yo la llamé exagerada, porque yo no supe ver que de verdad corría peligro.
Porque ella ya no está, y todo es mi culpa.
ESTÁS LEYENDO
Palabras para mi
De TodoTal vez escribir mi historia nunca estuvo en mi lista de prioridades. Tal vez, muchas veces me repitieron que sería necesario hacerlo, que sería todo un logro, y de lo más interesante. Yo, la verdad, nunca he pensado en el éxito. Ni en que la razón...
