Unos meses antes...
"Llego tarde, joder". Maldecía una y otra vez por no haber decidido entrar un minuto antes, cuando no me habría encontrado con tal cantidad de personas a mi paso. Trato de hacerme un hueco entre todos los alumnos de cursos inferiores al mío, negándome a llegar tarde al primer día de clases. Segundo de bachillerato. Para muchos, el curso más difícil.
Para mi, mi oportunidad de cerrar una etapa.
Consigo abrirme paso a base de empujones, hasta que soy capaz de llegar al aula, o más bien barracones. La falta de presupuesto en España para educación a veces es realmente exagerada, como para necesitar aulas prefabricadas.
Ignoro esos pensamientos y busco con la mirada rostros conocidos. Pablo, mi mejor amigo, no se encuentra donde siempre nos sentábamos. "Habrá llegado tarde, tal vez ni siquiera se ha presentado"; pienso para mí, esperando poder encontrarlo en algún momento.
Me siento junto a una chica, a la que no conocía. Parecía nueva, tal vez repetidora, y eso no es algo que a mi me moleste en absoluto.
Sonrió al ver entrar a Dani y a Eli. Ellos habían repetido el año anterior, y ahora seguían en mi curso, cosa que agradezco. Era una mierda compartir clase con los narcisistas del bachillerato tecnológico siendo de letras.
Si, es mi primer día de clases en el último curso de un bachillerato humanístico. Algo curioso, ya que siempre se me dieron mejor las ciencias. Pero hacía tiempo que descubrí que mi vocación eran las letras, o concretamente, las leyes.
-Hola, perdida. Este verano ni siquiera has subido stories a Instagram, ¿Tanto te ha consumido el trabajo?
Dani me saca de mis pensamientos, consiguiendo sacarme una sonrisa. Tenía razón, este verano lo había pasado entero trabajando, y prácticamente no hablaba con nadie por redes sociales. Solo cuando alguien, como él a veces, me escribía.
-Lo siento, sé que me has echado de menos -digo con un tono de burla- pero si, la verdad es que ni siquiera entraba a ninguna aplicación. Creo que si me hubieran robado el móvil no me habría enterado.
Escucho a Eli y a él soltar una carcajada. Era verdad. Pero antes de que puedan responder entra nuestra nueva tutora. Ellos toman asiento detrás mío, y esperamos a que la profesora nos informe.
-Bienvenidos un año más. Este año seremos menos en clase, ya que algunos tecnólogos se han unido al científico- avisa, haciendo que comprenda por qué Pablo no estaba allí- este va a ser un año difícil, y os aseguro que os cansaréis de escuchar la palabra Selectividad. Pero lo vais a poder superar, o al menos la mayoría.
Después de eso dejo de prestar atención. Era obvio que era una mera presentación sin importancia, y decido tomar el portátil para ponerme al día con el dichoso TdR. La desventaja de vivir en una de las zonas más ricas de España, Cataluña, es hacer cosas que otros lugares no hacen. Como un trabajo al que dan exagerada importancia.
Después de una hora nos dejan libres, y tomo mis cosas rápidamente para salir de aquel lugar. Ya tendré que volver mañana, y demasiado temprano.
Me despido de mis amigos, y de la chica nueva, Paola, y me dirijo a la parada del bus. Vivir a una hora del instituto a veces resultaba demasiado cansado.
Antes de llegar a casa aviso a mi abuela de que llegaría más pronto de lo normal.
Juego con mi teléfono mientras me meto en mi mundo de música variada, siguiendo mi pequeña manía de al volver del instituto escuchar siempre algo animado. Tal vez para evitar el bajón de tener que volver a casa y pasarme horas encerrada allí.
Cuando llego a mi parada bajo rápidamente, y camino hacia mi casa. Saludo al llegar, pero la verdad es que soy ignorada. Como siempre.
De cara a la gente, mi familia era unida. Unos padres, que en realidad son mis abuelos, amorosos y con mucho amor entre ellos y para sus hijas. De puertas para adentro te dabas cuenta de que esos casi cuarenta años de matrimonio se traducen en no aguantarse entre ellos, y en el silencio de mi abuelo para evitar discusiones, teniendo siempre la razón su mujer.
Suspiro realmente cansada. Es un coñazo seguir viviendo aquí, pero es lo que me toca, ya que con 17 años poco más puedo hacer, como encerrarme en mi habitación, y encerrar mi mente en cualquier libro, deseando escapar de la realidad que es mi vida.
ESTÁS LEYENDO
Palabras para mi
DiversosTal vez escribir mi historia nunca estuvo en mi lista de prioridades. Tal vez, muchas veces me repitieron que sería necesario hacerlo, que sería todo un logro, y de lo más interesante. Yo, la verdad, nunca he pensado en el éxito. Ni en que la razón...
