Mi ultima carta

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15 de enero de 2021

Escribo para ti

Después de la navidad de 2016 no me atreví a volverte a escribir, pero hay muchas cosas que tengo por decirte, después de esta carta quemara las anteriores. Creí que te había dejado ir, pero me doy cuenta que no es así.

El día que tome el vuelo a Nueva york no estabas presente, jamás te dije que día me iría, la noche antes de que el año acabara te vi entrar a su casa, le diste un beso en los labios, el beso que me debiste, entonces dije "voy a desear no verte el día que me vaya". Y falle, te espere en el aeropuerto con todo en contra, ¡joder! tu ni siquiera sabias que me iba y yo aun así te esperaba.

Mamá dijo que fuiste a buscarme un día después de no encontrarme en mi apartamento, entonces me contó de la sorpresa que te llevaste al saber que me había ido, dijo que lloraste en sus brazos, le creí.

Lo primero que hice al bajar del avión fue llamarte, pese a no estar sincronizados en la zona horaria tú contestaste, me reclamaste el haberme ido sin avisar, pero no podía arriesgarme a verte llegar con él, decirme adiós y saber que después de ello volverías a besar sus labios, a tu vida con él, a los planes de boda.

Los días en la gran manzana fueron duros, comencé a trabar en una compañía dedicada a las exportaciones y aunque no era mi especialidad el contratar proveedores fue muy fácil, pese a lo que se dice de esto. Consecutivamente, tome un mayor puesto, el apartamento que compre era muy similar al que tenía en Londres, pero era una vida distinta.

Una noche, en una cafetería cualquiera lo encontré, a pesar de lo inexplicable que fuese, Cillian se convirtió en mi mejor amigo después de ti. Conforme obtuve experiencia en mi rubro el pidió que manejara las exportaciones de sus libros, entonces acepte y nuestro lazo se volvió más fuerte.

Se que me amó, sé que sabe de ti, siempre lo supo.

En una velada de soledad en la que lloramos la naturaleza amarga y frustrante de la vida, el vio en mi los rastros de una guerra, una guerra que seguía luchando y que iba perdiendo.

Esa noche el me ayudo a entender mi sufrimiento, porque él también estaba viviendo uno. El sufría la muerte de su amada.

-No quiero presionarte ahora, seca tus lágrimas y deja de llorar, ahora estoy a tu lado, pero no seré yo el que te salve, solo estaré ahí cuando te decidas a nadar fuera del mar de tus lágrimas.

Entonces hice todo lo posible para no llamarte y no responder tus cartas. Después de un tiempo dejaste de enviarlas y di por hecho que te rendiste.

Comencé escribir poemas para olvidarte, pero no pude, no dejes que tus poemas sean ordinarios.

El día que te cásate no estuve contigo, no te pedí perdón y nunca lo hare, mamá trato de hablarme de tu boda, pero se lo impedí, decidí no saber más allá de lo que yo recodaba y así me mantuve hasta que te volví a ver.

Porque aprendí que no podía morir por alguien que jamás viviría por mí.

Asimilé que no podía forzarte a amarme sin importar el tiempo que yo permaneciera a tu lado, porque podríamos haber pasado cien años más juntos y tú aun así no me elegirías, porque no siempre depende del tiempo sino de la persona. En ese instante de tu vida yo no fui la persona indicada, sin importar cuanto lo deseara, porque no me amabas, pero principalmente porque yo no me amaba.

Aprendí que no puedes esperar que las cosas sucedan sin un movimiento previo, yo jamás me atreví a confesarte mi amor, ese fue mi error, porque debí de haber peleado por ti y aun si era rechazo debía de tener la fuerza para superarlo.

I never thought we'd have one last kiss- ZouisDonde viven las historias. Descúbrelo ahora