i. YOUNG, WILD AND FREE.

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LA VIDA EN THE CUT ERA SIMPLE

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LA VIDA EN THE CUT ERA SIMPLE. Claro, si no mencionamos el hecho que todos ahi se mataban trabajando para conseguir dinero suficiente para vivir. La vida en The Cut, especialmente en el Chateau era increible. Fiestas diarias, incontables amanecidas cantando y fumando marihuana, escapadas a donde sea y sin padres que los regañen.

Sin padres...

Desde que Big John desapareció la vida en el Chateau cambió. Si claro que ahora sus dos hijos hacian lo que se les daba la absoluta gana, pero en el fondo aquellos dos chicos extrañaban con el alma entera al hombre que los crió desde pequeños. Especialmente Astoria.

Roberts de nacimiento pero Routledge de corazón, Astoria siempre admiró al gran Big John. ¿Como no admirarlo? Aquel hombre era como su padre y Astoria estaba segura que siempre lo sería. Y, oh, como lo extrañaba.

Astoria nunca conoció a sus verdaderos padres. Aquellos hijos de puta,—como ella solia decirles,— la abandonaron cuando la pequeña tan solo tenia 4 años y Big John la acogió como su propia hija. La verdad que la rubia no sentia dolor al saber que sus padres la abandonaron, en parte les agradece porque gracias a eso llego a caer en las manos de Big John, y asi conoció a quien ahora es su hermano, John B.

Cuando eran niños Astoria y John B hacian absolutamente todo juntos, y aun lo siguen haciendo. Solían correr por todo el Chateau imaginando que eran superheroes luchando contra villanos imaginarios. A veces no eran tan imaginarios, ambos niños terminaban usando a Big John como un saco de boxeo, imaginando que era el peor villano y debia ser derrotado.

Astoria extrañaba eso. Echaba de menos las risas, el olor intenso al cafe de Big John por las mañanas, los regaños de su parte cada vez que John B o Astoria llegaban tarde a casa luego de alguna fiesta. Astoria extrañaba a su padre.

— ¿Que crees que papá diría si nos viera fumando marihuana frente a la casa? — habló la rubia, luego de expulsar una gran nube de humo de su boca. Miró a su hermano, sentado con la espalda apoyada a un arbol, la mirada perdida en el horizonte.

— Pues diria, ¡Cuantas veces les he dicho que no fumen esa mierda cerca a la casa, apesta! — Respondió, intentando imitar la voz de su padre.

Astoria estalló en risas. — Definitivamente diría eso.

Habian cosas que Astoria sentía que habian cambiado. El silencio en casa se sentía mas fuerte. La oscuridad llenaba su habitación en la noche, ya no siendo alumbrada por la luz que emanaba de la oficina de Big John. Ya no habian aquellas largas charlas en la mesa al cenar sobre el Royal Merchant y lo cerca que estaba de encontrar el oro.

Un maldito barco. Una leyenda sobre un navío perdido en alta mar lleno de un enorme tesoro. Una estupidez que lo llevo a desaparecer. Si tan solo hubiera escuchado a Astoria...

Wildest Dreams. (SPA)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora