6. Los 7 Boletos

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-¿Cuantos boletos desea comprar señorita Bonnet? -me preguntó la profesora Candy con una expresión afable.

-Oh, amm... -revisé los bolsillos de mi abrigo y saque 7 dólares. -Siete, quiero siete boletos por favor.

-Muy bien, aquí tienes cariño.

-Gracias. -sonreí observando los pequeños papeles que yacían en mi mano.

Me coloque mis audífonos y puse mi playlist en aleatorio para empezar a caminar por el pasillo del instituto, el cual estaba repleto de estudiantes.

Era lunes, habían pasado más de dos semanas desde que Derek había ido a buscar a Mackenzie dejandome plantada. Siendo sincera no me sentía mal o insegura, al menos no este día; había decidido apartar todos esos pensamientos sobre si ellos tenían algo o no.

-Confia en mi preciosa.

Solo recordaba sus palabras y respiraba profundo si mi mente empezaba a jugarme sucio.

Al día siguiente de la tormenta cuando la lluvia cesó, el rubio fue a mi casa y me pidió disculpas, también dijo que después de llevar a la chica a su casa, el auto se le accidentó, incluso me mostró fotos de él en el taller y cuando estaba siendo llevado por la grúa. Ese mismo día vimos la película y quedamos en ver la secuela hoy por la noche.

Llegue al gran taller de arte y abrí una de las puertas con cuidado. Dentro del lugar habían varios chicos armando, pintando y decorando sus respectivos puestos para la feria; algunos se veían felices y relajados, pero otros.. tenían una cara de preocupación increíble, se les notaba que decorar puestos de ferias no era lo suyo.

Mi mirada buscó a Elizabeth. Note que la chica llevaba pintura hasta en su cabello y no pude evitar reírme. Camine hacia ella y me quite mis audífonos.

-Siempre he dicho que mi mejor amiga es una obra de arte. -dije en tono de burla.

Ella volcó los ojos. -Graciosa.

-Vine a ayudarte.

-¿Enserio? -puso el bote de pintura en el piso. Yo asentí. -Dios ha escuchado mis plegarias. -bromeó.

-Tampoco soy una experta en manualidades, pero sí, soy una bendición de Dios. -le toque la punta de la nariz con el dedo índice. -¿En que te puedo ayudar?

-Pues... en todo.

Elizabeth señaló el estante lleno de materiales a su lado.

-¿¡No has hecho nada!? -reclamé. Ella sacudió la cabeza varias veces. -Eli, faltan cuatro días. Deberías llevar la mitad al menos.

-Lo sé, lo sé. Te necesito. -dijo juntando sus manos y poniendo una carita de cachorro. Yo rodé los ojos.

-Te ayudaré. -solté derrotada. Sinceramente no podía resistirme a la famosa carita de cachorro de mi mejor amiga. -¿Que planeaste? -pregunté y ella me paso un trozo de papel. Lo observé y note que era un boceto de su puesto. -Vaya, se ve muy tú. -comenté finalmente.

-¿Te gusta?

-Si, me gusta mucho. -hice una pausa, pensativa. -Primero, necesitamos luces pequeñas, conectores, pintura dorada..

La pelinegra tomo una libreta y empezó a anotar todo. Cuando terminamos de enumerar los materiales necesarios ambas hicimos una mueca. Habíamos revisado hasta el ultimo rincón del gran estante y lo único que encontramos fue algunas tablas de madera y pinceles viejos.

-Creo que es un poco tarde.., se ha agotado todo. -Una ola de preocupación nos invadió. Elizabeth se veía desanimada y aunque yo también lo estaba no podía demostrarselo, eso no serviría de nada.

Mi Multiverso [En Proceso]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora