Epílogo II

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Dylan abrió los ojos encontrándose con el techo de una habitación, podía sentir cálido a su alrededor. Su manada lo rodeaba y podía escuchar a la manada Hale fuera de la habitación. Suspiró. No quería despertar a sus betas, se veían realmente cansados.

-¿Dylan? – preguntó Newt en un susurró abriendo sus ojos

- Tranquilo, descansa. Estoy bien, solo agote mi magia – le dijo el castaño mientras acariciaba su cabello

- Estuviste dormido por una semana. – se levantó despertando a todos los demás - ¡No puedes decirme que descanse y que estás bien! Hemos estado preocupados por ti, hiciste una tontería. ¿Qué pensabas al sacrificarte por todos? ¿Por qué no nos esperaste? Sabías que iríamos por ti, solo eres un idiota que le encanta sacrificarse por los demás.

Dylan sonrió mientras abrazaba al rubio con cariño.

- Lamento haberlos preocupado. Tienes razón fui un idiota que no pensó en ustedes pero hay cosas que no puedo cambiar de mi naturaleza y me alegra saber que todo está bien. – se separó – Aún tengo algo que hacer.

- Creo que antes deberías de recuperar tu energía por completo – le dijo Gally frunciendo el ceño

Dylan asintió mientras se sentaba en la cama. Sus betas estuvieron hablaron horas con él, necesitaban sentir a su alfa cerca y bien, creyeron que lo perderían.

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Han pasado unos días desde que Dylan despertó ahora el alfa se encuentra frente a la manada Hale. Todos lo ven suplicantes, esperando porque les dijera algo. Era momento de que les dijera lo que iba a suceder de ahora en adelante porque solo había dos opciones: decir adiós y olvidarse de Dylan o ser perdonados y poder vivir enmendando sus errores.

- Han pasado muchos años desde las terribles cosas me hicieron. Ustedes me lastimaron más que nadie, me dolió porque supuestamente eran las personas que más me amaban y que me protegerían para siempre pero no lo hicieron. Gerard me destrozó de maneras que no pueden imaginarse, me rompió hasta dejarme en pedazos. Solo quería volver a casa pero en ese momento yo no tenía un lugar al cual regresar, era alguien abandonado y roto. – suspiró – No em rendí a pesar de eso, me levanté, me volví mucho más fuerte de lo que jamás imaginé, ahora soy una de las personas más poderosas pero aun así mi corazón seguía herido. – una lágrima corrió por su mejilla – Los perdono porque quiero quitarme este peso que he cargado todo estos años pero no quiero ser parte de sus vidas y no quiero que sean parte de la mía. Yo ya tengo una familia que amo y que aman de la misma manera. Este es un adiós para siempre. – les dijo Dylan para después caminar hacía su manada

Ese día la manada O'Brien pisó por última vez Beacon Hills al igual que Mieczyslaw Stilinski murió y de sus cenizas renació Dylan O'Brien, el alfa híbrido y mejor cazador.

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Seis años después.

Derek caminaba por las calles de un pequeño pueblo en Canadá, había escuchado ciertos rumores así llegó hasta una mansión en el bosque.

Dylan se encontraba saliendo de la mansión con Newt a su lado, el rubio sostenía a un niño moreno de ojos miel. Reían y charlaba.

- ¡Papi! – gritó un pequeño de cuatro años de cabello castaño de ojos grises

Dylan sonrió al niño, lo tomó en sus brazos.

- ¿Qué tal tu paseo con papá, campeón?

- Es demasiado inquieto. Sus padres debieron de ser unos corredores – se quejó un hombre de cabello azabache de ojos azules. Jughead Jones, compañero y esposo del alfa O'Brien.

- Ahora es nuestro hijo, nuestro pequeño regalo – dijo el alfa besando los labios del azabache

- Adoptarlo fue la segunda mejor decisión que he tomado en mi vida. La primera fue casarme contigo – le dijo Jughead

- Eres un romántico

- Solo por ti mi alfa

Dylan sonrió y entró a la mansión junto con los otros dos.

Derek suspiró. Nunca les perteneció y ahora podía verlo claramente. 

Alma RotaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora