Y lo supo. Su elección era la correcta. Con ellos... con ellos no se había equivocado. Porque ellos eran todo, y él lo quería todo.
Las manos que lo arrastraron a la habitación reservada para el líder de secta Lan en el ala de invitados de la Torre Koi fueron suaves y a la vez firmes. Rudas en algunas ocasiones, pero delicadas otras. Los labios que le besaron por el camino, a veces duros y ásperos y otras veces de sabor a jazmín. Jin GuangYao les permitió a ambos los besos, las caricias en la espalda que le hacían estremecerse y los que entre ellos mismos se intercambiaban y que alcanzaba a contemplar con ojos brillantes y vidriosos, con la misma sed que los dos amantes parecían intercambiar. A la escasa luz de las lámparas de aceite, entraron a la habitación casi a trompicones, como si toda su elegancia y dignidad como cultivadores se hubiese quedado en la entrada del edificio, en los jardines. Lan XiChen gimió entre ellos cuando las manos de Nie MingJue encontraron las de Jin GuangYao sobre su cuerpo, entre su cintura y sus muslos. Alguien le estaba besando y alguien besaba a quién le acariciaba, y ya no sabía a quién le pertenecían los labios que buscaba con tanto ahínco en la próxima oscuridad, solo que a duras penas alcanzaron a cerrar la puerta tras ellos. En algún momento, se acordarían de silenciarla.
Lan XiChen le tomó de las manos y le separó de Nie MingJue, que al parecer había estado abrazándole... y él sin saberlo a ciencia cierta. Solo lo imaginó por el grosor de los dedos de su diestra cuando le sujetaron el mentón mientras su zurda se peleaba con el cierre de su cinturón. Le besó mientras dejaba que las manos del más joven de los tres se colaran bajo la capa más exterior de sus túnicas. Aquel abrigo característico de Gusu Lan cayó al suelo con el susurro de la tela, las nubes confundiéndose encima de los bordados de la alfombra, mientras el brillo de un talismán silenciador resplandecía a sus espaldas. Primero dos pares entrelazados pasaron por encima de las túnicas que iban cayendo, blancas y amarillas, y luego un tercer par de pisadas más fuertes y más ruidosas se unieron. También lo hicieron las túnicas negras y verdes de Nie MingJue, que poco tardaron en cubrir el suelo y revelar un torso bronceado, musculoso, y surcado por cientos de cicatrices de la guerra y de las múltiples cacerías nocturnas. Otros cultivadores las eliminaban de sus cuerpos con energía espiritual por considerar aquellas marcas deshonrosas. Él no, él las lucía como trofeos de todo lo que había vivido, de las batallas ganadas. Con una mano en el cinturón de Lan XiChen, Jin GuangYao jadeó acalorado al verle acercarse, tan imponente y tan bello. Podría haber yacido encima de ese enorme pecho como yacería en una cama, y lo haría dentro de no mucho. Unas horas, tal vez, cuando quedasen saciados de sí mismos. Y después gimió cuando Nie MingJue lo abrazó por la espalda, le tomó por el mentón y estampó su boca contra la ajena en un beso furioso, lleno de su mutua confusión, de su rencor y de su cariño. Jin GuangYao le respondió mordiéndole los labios, y Lan XiChen colocó una mano sobre las otras dos palmas que se entrelazaban y acabó atrayéndolos hacia sí mismo. Los que a partir de ahora serían sus dos amantes jadearon en los labios ajenos al verle, un dios de jade bañado por la luz de la luna, la única mirada intrusa que se colaba a través de las ventanas.
Jin GuangYao juraría que nunca antes había tenido tantísimo calor. Nada —nada en este mundo, nada— se comparaba a la visión de ZeWu-Jun al frente, tan delicado y etéreo, y la de ChiFeng-Zun detrás, varonil y bravo guerrero donde los haya. Y, como tal, podría jurar que nunca antes había estado tan excitado. Había un bulto claro en sus pantalones, uno que amenazaba con humedecerse de un momento a otro. Lan XiChen sonrió al mirar en su dirección como si lo hubiera estado esperando. Como si lo desease.
Cuando se encaramaron a la cama los tres en una especie de revuelto entre piernas, manos y besos, habían perdido ya la mayoría de la ropa. Apenas les quedaban los pantalones encima. Sus túnicas caían olvidadas y pisoteadas por el suelo, sus botas perdidas por los rincones de la habitación, cada par mezclado con otro. La marca bermellón en la frente de Jin GuangYao estaba medio borrada, difusa. Nie MingJue la había emborronado con un beso. La cinta de la frente de Lan XiChen se había deshecho como si se hallase en presencia de sus legítimos dueños. Se enredaba en una de las muñecas del guerrero, pero poco tardaría en caer al suelo o entre las sábanas. Había manos en su pecho, en sus piernas, en su cuerpo, y sus propios dedos recorrían caminos de piel nunca antes explorados mientras se deshacía en la sensación de ser acariciado, cuidado. Querido.

ESTÁS LEYENDO
Fool for love [Mo Dao Zu Shi Fanfic]
FanfictionAntes de Jiang Cheng, los miembros de la Venerable Tríada debieron descubrir que se querían. Jin GuangYao creía que su compromiso con la joven dama Qin (o por lo menos el anuncio de este) lo arreglaría todo. Creía que le facilitaría las cosas, que r...