"La inteligencia es mucho más útil que la belleza."
"Eso es lo típico que diría un feo."
"Sabía que contestarías eso."
"¿Sí?"
"Lo siento, Draco, pero eres bastante previsible."
El sexto año en Hogwarts empieza para Annette, una chica que, a la vista...
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Vamos Annette, corre.
No podía dejar de repetirme esas palabras una y otra vez; llegaba tarde a mi primera clase y justo me tocaba con Snape. Qué bien...
No había tenido tiempo ni de desayunar, y la verdad era que no entendía cómo había llegado hasta este punto. Siempre era puntual, tal vez algunas veces iba mucho más lenta de lo que debería, pero justamente por eso ya me despertaba mucho más pronto que los demás para así no tardar tanto.
Pero hoy... Hoy empezaba con el pie izquierdo. Por alguna razón, mi despertador no sonó hasta media hora más tarde de lo que correspondía, y claro, no me dio tiempo de nada.
Llegué al aula de pociones después de correr con desespero por las mazmorras y entré sin llamar antes a la puerta, a estas alturas ya todos se encontrarían dentro e interrumpiría igualmente la clase.
—¡Señorita Whitmore! —no me sorprendió la voz furiosa de Snape— ¿Se puede saber qué son estas formas de entrar?
Observé a mi alrededor. ¿Por qué no había nadie?
—Pero... —balbuceé— ¡Pero si solo llego media hora tarde! ¿Dónde están todos?
Snape se acercó a mí con rapidez, moviendo su capa negra con elegancia y peligro.
—No sé si esto se trate de una de sus graciosas bromas, pero no consentiré estas intrusiones maleducadas, así que haga el favor de excusarse antes de que mi paciencia se agote y la castigue el primer día del curso.
—Esto... Yo... No sé, no comprendo lo que...
—Tal vez —me cortó Snape, al escuchar unas pequeñas risas detrás de nosotros, justo en medio de la puerta— sus compañeras puedan explicar mejor lo sucedido que usted, Whitmore.
Me di media vuelta y observé a las dos chicas que compartían habitación conmigo; me miraban divertidas, sin borrar sus burlonas sonrisas hasta que se vieron debajo de la intimidante mirada del profesor, entonces se tensaron y una de ellas abrió la boca:
—Nosotras no hemos...
—No quiero excusas, Parkinson.
—Está bien —habló Daphne—, todo es culpa nuestra.
—Explíquense—exigió Severus.
—Es probable que quisiéramos gastarle una pequeña bromita a Annette como bienvenida a nuestro cuarto y... se nos ha ido de las manos.
—No se os ha ido de las manos, habéis conseguido lo que queríais: que hiciera el ridículo.
Empezaba a acumularse la gente en los alrededores de la puerta, nadie quería entrar porque cortarían el momento de cotilleo.
—Tampoco era eso lo que queríamos —intervino Pansy, ofendida.
Snape despegó los labios —¿Y cuál era el propósito, entonces?