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Capítulo 19. El viento a favor

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Buenas buenas buenaaaaas. Nuevo cap, disfrútenlo. ❤️

Me desperté por instinto, aún estaba oscuro

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Me desperté por instinto, aún estaba oscuro. Asomé a la venta y había claros en el cielo, seguro que pronto amanecería. Viaje con la vista sobre el horizonte y efectivamente, a lo lejos, los primeros rayos de sol comenzaban a surgir tras las aguas marinas, anunciando la llegada de un día nuevo. Me abrigué ligero, con una sudadera ancha que me cubría hasta la mitad de los muslos y me puse unas sandalias, pretendía salir a admirar el crepúsculo, siempre lo había querido y nunca tuve oportunidad.

Al salir todo era silencio aún, las habitaciones estaban todas bien cerradas y lograba escuchar ronquidos. Me dirigí directo a la pieza de Armin, quería darle los buenos días, despertarlo con un beso en la frente quizá. Para mi sorpresa, él ya no estaba en la habitación. Me adentré más y palpé el colchón y las sábanas que estaban tibias, eso quería decir que Armin había salido de allí hace tan solo minutos. ¿Será que...?

Salí de la casa con cuidado y caminé con prisa hacía en pasillo, el cielo iba volviéndose cada vez de un azul más claro. Cuando mis pies pisaron las arenas y llegué a la playa ahí le ví... se encontraba de espaldas con la cara al mar, sentado sobre la arena, muy cerca de la orilla. Llevaba una camisa blanca de cuello y manga larga y unas bermudas azules. Su cabello estaba desordenado y lucía ligeramente ondulado. Parecía atento, con la vista fija en la lejanía, esperando lo mismo que yo había venido a ver. Me acerqué despacio, en ningún momento miró atrás aunque estoy segura que ya había escuchado mis pasos. Cuando estuve cerca de él, me senté a su lado y entonces sí, me miró.

— ¡Eres tú! —se sorprendió.

—Buenos días. —Me aproximé hasta sus labios y los rocé con los míos, estaban húmedos y fríos al tacto. Él me correspondió.

— ¿Viniste a ver el amanecer? —asentí.

—Justo antes pasé a tu habitación para venir juntos pero ya no estabas.

—También fui a verte antes pero vi que estabas muy dormida y no quise despertarte —me reí de satisfacción por la coincidencia.

—Entonces fue el destino —afirmé. Él me observó entre su alegría y estuvo de acuerdo conmigo.

Después ninguno dijo más. Nos apegamos al otro y yo me permití reposar mi cabeza sobre su hombro mientras contemplábamos con embeleso el panorama. El cielo fue abandonando de a poco ese color azul profundo, tan místico e imponente como la noche misma y se convirtió en un cristal del que emergieron nuevos matices; algunos rosas, otros amarillos y muchos más naranjas. Las nubes también hicieron su aparición y comenzaron a albergar en sus fronteras las tonalidades del alba. El mar, el espejo del cielo, se pintó con aquellos colores que refulgían bajo los primeros rayos del sol naciente, un sol tímido que emergía cauteloso, prematuro quizá, pero que no tardaría en abrigar la tierra con su incandescencia.

—Dime que esto no es un sueño. —pronunció en un suspiro, con una nota de anhelo en la voz.

— ¿Qué dices? —me reincorporé y busqué su mirada con la mía.

Un rayito de sol  |  Armin x LectoraHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora