Capítulo #1: "Castigados"
Laia
– ¡Laia! – llamó mi maestra de Ciencias tocando la mesa para hacerme despertar de mi profundo sueño.
No me culpen, había estado viendo una serie de anime y no había logrado dormirme temprano. Además los videojuegos en medio de clases a veces se volvían aburridos cuando no podía gritar de felicidad al ganar.
– Lo siento – me intenté disculpar sabiendo que de nada serviría ya que la profesora Rosa se caracterizó siempre por ser la más estricta con los alumnos.
– Si, si claro – pensé haberme librado cuando se giró hacia la pizarra pero justo antes de llegar volvió a hablar – Esta tarde en detención, me ayudara a ordenar todos los libros de la biblioteca.
Solté un suspiro sin poder evitarlo, se escucharon algunas risitas a mi alrededor.
Mi mejor amigo sentado a mi lado me susurró un "te lo dije". El me lo había avisado, pero yo lo había ignorado, nadie me puede decir cuándo dormir y cuándo no.
– ¿Luis? – sin girarse, Gael susurró a mi mejor amigo.
– Esta tarde nos iremos juntos, ya que no la tienes que acompañar.
– Lo dices como si yo fuera una carga – me quejé, Luis suele acompañarme a casa después de clases ya que vive bastante cerca.
– En realidad lo eres – dijeron ambos a la vez. Solían unirse solo para molestarme.
Gael me dedicó una mirada que sinceramente me hizo encogerme de hombros, esa sensación la conocía bien, porque siempre que él me hablaba directamente sucedía.
Mis compañeros de clase comparten el color del cabello, un azabache, mientras que sus ojos son completamente distintos. Luis tiene los ojos color avellana, mientras que mi molesto compañero de al frente tiene los ojos completamente verdes.
Puede parecer que Gael y yo nos llevamos mal, pero en realidad no es así, solo que a veces discutimos.
– Gael, te acabas de ganar un viaje a detención con tu querida amiga Laia.
Ambos la miramos molestos. Yo porque odiaba mi nombre y seguro que él porque acababa de ser castigado.
– Esto es tu culpa – me susurro antes de girarse y seguir prestando atención a la clase.
Las próximas horas pasaron rápido, entre las variadas bromas de mis amigos. La mayoría de estas fueron dirigidas a mi. Aman molestarme, sobre todo porque aman verme sonrojarme.
En realidad nunca supe cómo terminé rodeada de tres chicos que lo único bueno que tienen es que hacen mis días más sencillos. Gael, Luis y Alan habían estudiado juntos desde pequeños y bueno por pura casualidad terminaron adoptandome, al menos eso suelen decir.
– Deja de mirarlo así – me habló Alan a mi lado mientras esperábamos que nuestros compañeros regresaran con nuestra merienda, era su día de pagarla.
– Baf – bufó sonoramente disimulando – No se de que estás hablando.
– Lala te gusta lo suficiente como para no dejarlo de mirar en ningún segundo.
– No digas estupideces.
– Puedes mentirle al mundo pero no a tu corazón.
Tiene razón, lo sé, pero es claro que yo nunca se la daría.
– ¿De qué hablan chicos? – preguntó Luis ladeando la cabeza y sosteniendo nuestra merienda. Gael la repartió, dándome mi dulce favorito y la Coca Cola original, la unica que bebo.
Mis cachetes ardieron al segundo.
– Del corazón – afirmó mi amigo y me congele al instante, dándole una mirada severa.
– ¿Qué sucede Alan, ya dejó de funcionar? – todos soltamos una pequeña risita burlona por el comentario del chico de ojos verdes que liberó el ambiente.
Cuando las clases terminaron yo me quedé sentada mirando la tarea de mates. Sabía que si la hacía en ese momento no tendría que hacerla en casa y tendría mucho más tiempo para ver la serie que me tiene obsesionada. Así que opté por hacerla, era verdaderamente sencilla, las ecuaciones siempre se me habían dado bien.
– Las tareas son para la casa, Lala – aunque mi nombre en realidad es Laia, mis amigos suelen decirme Lala. La voz venía del puesto frente a mi.
No me había percatado de que Gael aún estaba sentado en el asiento frente a mi, llevaba esa camisa azul obligatoria de la escuela perfectamente colocada, mientras que su cabello llevaba un aire más desordenado, que no encajaba en su orden. Se giró sentándose de pies abiertos colocando sus brazos sobre el espaldar de la silla.
Se relamió los labios y con ese gesto tuve que contener un suspiro que fácilmente se hubiera escapado de mi. En realidad cada mínimo movimiento que Gael hace cerca de mi me corta la respiración y me acelera el corazón.
Aun recuerdo la primera vez que me sucedió.
Gael caminaba por la clase en un recreo y terminó quedando frente a mi.
– Hola – saludó sonriente, esa sonrisa ladina que haría derretir el mismísimo iceberg que hizo que el Titanic se hundiera – ¿Me puedes prestar tu tarea de física?
Recuerdo haberme quedado tan absorta en mis pensamientos que él tuvo que volver a hablar.
– ¿Si? – como yo estaba sentada y él ya de pie me llevaba unos claros centímetros se agacho hasta quedar a una altura muy parecida, ladeo su cabeza y su cabello azabache cayó hacia el otro lado.
Aún no se como me recuperé y pude asentir.
En el ultimo año habia logrado dejar de suspirar como idiota con cada accion.
– Metete en tus asuntos, Gael – evité sonar afectada por su colonia.
– Pues ahora hay un asunto que nos incumbe a los dos – mi corazón no evitó acelerarse.
– ¿De qué hablas? – mis mejillas se coloraron en segundos.
– Ya sabes de eso – se acercó peligrosamente a mí, un mechón rebelde sobresalía cayendo encima de mi frente – Exacto, eso mismo – ordenó mi cabello en un gesto delicado.
Sentí ganas de gritarle <No se de que me estas hablando>
Pero es que para mi estando cerca de él me es difícil pensar.
<Concéntrate> me gritó mi conciencia.
– Ey – nos interrumpieron y ambos miramos alarmados a la puerta – ¿Qué hacen aquí aún?, en mi oficina en 2 minutos.
<Pues obvio que se refería a eso, ¿cómo no te vas a acordar?> me regañé mentalmente, soy una idiota.
Gael se puso de pie terminando de ordenar su mochila.
– Te estoy esperando para ir, no quiero que te pierdas en el camino.
– Eso no sucedería.
– Considerando lo torpe que eres, es muy probable – recogí todo con prisa, porque a pesar de haberle respondido de malas ganas, en realidad me encantó que me esperase. <¿Por qué eres así Lala?> – Vamos, solo serán 4 horas juntos. ¿Quién sabe lo que pueda suceder entre tu y yo en ese tiempo?
<¿Era cosa mía o el ama ponerme nerviosa?>
Nota de la autora:
Primer Capítulo, estaré publicando seguido, quizás diario.
Este romance se como comienza pero aún no se como terminará. Los invito a disfrutar de los personajes, a reírse y a sufrir con ellos.
Espero que se conviertan en amantes de esta novela y que en verdad la disfruten. Espero su apoyo.
Besos,
Lori.
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La Historia Mal Contada del Amor
Teen FictionTodos sabemos lo que pensamos, pero jamás somos capaces de imaginar lo que sucede en la cabeza de los demás. A veces nos creamos falsas esperanzas creyendo que el chico que nos gusta también se fija en nosotros, e incluso imaginamos escenarios infin...
