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Maratón: 4/9

Para Harry y Ron fue una suerte que Hagrid hubiera invitado a Harry y a nosotros a tomar el té, porque la clase de Pociones resultó ser...interesante.

Al comenzar el banquete de la primera noche, ya sospechaba que Snape no tenía buena sintonía con Harry.

*Y no me equivoque.*

No era sólo que a Snape no le gustara Harry, lo detestaba por alguna extraña razón.

Las clases de Pociones se daban abajo, en un calabozo.

Hacía bastante frío, mas que arriba.

Snape, como Flitwick, comenzó la clase pasando lista y, como Flitwick, se detuvo ante el nombre de Harry.

-Ah, sí, Harry Potter. Nuestra nueva... celebridad.- murmuró con burla.

Malfoy y sus amigos Crabbe y Goyle rieron tapán­dose la boca.

Snape terminó de pasar lista y miró a la clase.

-Vosotros estáis aquí para aprender la sutil ciencia y el arte exacto de hacer pociones.- comenzó a explicar.

Hablaba casi en un susurro, pero se le entendía perfectamente.

Como la profesora McGonagall, Snape tenía el don de mantener a la clase en silencio, sin ningún esfuerzo.

-Aquí habrá muy poco de estúpidos movimientos de varita y muchos de vosotros dudaréis que esto sea magia. No espero que lleguéis a entender la belleza de un caldero hirviendo suavemente, con sus vapores relucientes, el delicado poder de los líquidos que se deslizan a través de las venas humanas, hechizando la mente, engañando los sentidos... Puedo enseñaros cómo embotellar la fama, preparar la gloria, hasta detener la muerte... si sois algo más que los alcornoques a los que habitualmente tengo que enseñar.- realmente inspirador, ese discurso de bienvenida de Snape.

Saqué una hoja de papel y mi pluma, junto con un bote de tinta.

Tenía pensado anotar todo lo posible en esta clase.

Más silencio siguió a aquel pequeño discurso.

Harry y Ron intercambiaron miradas con las cejas levantadas.

Her­mione estaba sentada en el borde de la silla, y parecía desesperada por empezar a demostrar que ella no era un alcornoque.

Yo estaba a su lado, preparada para anotar.

-¡Potter! ¿Qué obtendré si añado polvo de raíces de asfódelo a una infusión de ajenjo?- preguntó de pronto Snape.

Mi mano no tardó mucho en apuntar la pregunta en el papel.

La mano de Hermione se agitaba en el aire, mientras Harry me llamaba por ayuda con la mirada.

Yo tampoco sabía que decía el profesor, por eso lo apuntaba.

-No lo sé, señor.- contestó Harry.

Los labios de Snape se curvaron en un gesto burlón.

-Bah, bah... es evidente que la fama no lo es todo.- Snape se burlaba sutilmente de Harry, mientras ignoraba completamente la mano de Hermione levantada.

*Esa mano va a golpearme en cualquier momento.*

-Vamos a intentarlo de nuevo, Potter. ¿Dónde busca­rías si te digo que me encuentres un bezoar?- retó de nuevo Snape a Harry.

El sonido de mi pluma anotando, suave y sutil, captó su atención y se giró un momento a mirarme superficialmente.

Segundos despues, se volvió hacia Harry, con aquel intento de sonrisa burlona que cruzaba su cetrino rostro.

La menor de los Diggory (Draco Malfoy y tú ) Terminada ✅Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora