3 de septiembre 1502.
Rescaté a otro niño, bueno, en este caso, una niña.
Isabella Swan de trece años de edad. Cabello amarillo, ojos miel con motas verdosas y piel rosada.
¿De quien la rescaté? De su cuidador.
Resulta que ella es hija de una de las familias más poderosas del lugar. Por lo cual tenía asignada un cuidador.
Habell Soler. Un ser despreciable el cual tocaba y abusaba de la pobre cada que podía.
E incluso la obligaba a hacer cosas que una niña de su edad no debería hacer.
Todo me lo contó la pequeña con lágrimas en los ojos.
Nos habíamos conocido unos días después de que rescaté a Damián. Por eso me empezó a contar todas las barbaridades que le hacia su cuidador, me decía que quería irse conmigo, que no le importaba dejar a su familia ya que ellos sabían perfectamente lo que hacía aquel hombre y no hicieron nada.
Hoy, tres de septiembre a las siete de la noche, maté a Habell Soler cuando iba de camino a su cuarto. Ya que vivía en la misma casa que Isabella, al terminar con él me dirigí a su habitación para llevármela.
En el camino me encontré con sus padres, planeaba matarlos después para saber su reacción ante la desaparición de su hija y la muerte del cuidador, pero ya me habían visto, tenía que hacerlo ya.
Los maté a mitad del pasillo, todavía recuerdo sus fantásticos gritos de dolor y el delicioso sabor de su carne. Me limpié lo más que pude la sangre de las manos con unas cortinas que vi y seguí mi camino.
Al llegar a su cuarto tuve que buscarla, se había escondido en su closet tirando un montón de ropa sobre ella. Lágrimas rodaron por sus mejillas sonrosadas y ahogó un grito cuando le quité las ropas de encima, pensaba que era Habell. Pero cuando me vio salió saltando sobre mí. Me abrazó del cuello a lo que tuve que llevarla cargando todo el camino.
Eso fue hace unas dos horas, ella sigue despierta ya que esta jugando con Damián. Cuando termine de escribir los mandaré a dormir.
Ahora esos increíbles niños son felices, a pesar de que sus tormentos hayan terminado hace poco ellos sonríen como si nada hubiera pasado.
Como si sus vidas siempre hubieran sido así.
Felices, con solo risas y cero llantos.
Me gusta verlos así, podría pasar horas observándolos sin más.
Y más de una vez me encontré haciéndolo mientras dormían, observando la paz en sus rostros a la oscuridad de la noche.
Supongo que se volverá un hábito. Sólo espero que no les moleste.
En fin, ésto de rescatar niños es lo mío. Sé que solo llevo dos, pero hay que admitirlo. Nací para cuidarlos.
Herk.
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El Diario De Un Monstruo
Short Story*Primero es necesario que se pasen a leer "El hombre del bosque" el cual lo pueden encontrar en mi perfil. Lo entenderán mucho mejor así* Año tras año, niño tras niño, libro tras libro. Supongo que siempre supe que terminaría así, sólo era cuestión...
