Kidnapping

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Hay cosas que nadie te cuenta cuando trabajas en una lavandería.

El suavizante floral puede darte dolor de cabeza si lo usas más de tres veces seguidas, o que las monedas que la gente deja en sus bolsillos huelen raro, algunas a tabaco, otras a humedad, otras a perfume barato. A veces, encuentras billetes, a veces…cosas que preferirías no haber tocado.

Esta mañana, estaba doblando una sábana gigante que parecía sacada de un motel de carretera cuando Natalia entró con dos cafés en la mano.

-¿Sabías que si pones las fundas de almohada dentro de sí mismas no se arrugan tanto? -me dijo como si acabara de descubrir América.

-¿En serio? ¿Y eso quién te lo enseñó? -dije con una sonrisa un poco burlona.

-Lo vi en un programa de amas de casa de los 70's -respondió, y ambas reímos.

Todo parecía normal.

Hasta que ví a unos hombres extraños. No entraron, solo se quedaron parados afuera, mirando a través del ventanal. Uno de ellos tenía un bigote grueso, el otro masticaba chicle con la boca abierta. No llevaban uniforme, pero algo en ellos gritaba “militar”, o algo peor...

Natalia los notó.

-¿Conoces a esos tipos? -me susurró.

-Nunca los he visto -respondí sin dejar de observarlos.

El del chicle hizo un gesto con la mano, como llamándome.

-No vayas -dijo Natalia- llamaré a alguien, ¿sí?

-Solo voy a ver qué quieren -le respondí, aunque algo en mi me decía que no era bueno, pero...¿qué más puede pasar?


[...]


No sé en qué momento me dormí...o si fue dormir, realmente.

Desperté en una habitación gris, con luces fluorescentes y un frío que calaba hasta los huesos. Frente a mí, una fila de mujeres: todas uniformadas.

-Еще одна американка (otra estadounidense más) -dijo una mujer al fondo, las demás rieron, no entendí nada.

Me pusieron un uniforme gris claro, distinto al de las demás. Noté las miradas al instante, todas me miraban con ¿odio? O ¿desprecio? Ni idea, pero sus miradas eran desafiantes.

-Смотри, кукла проснулась. (mira, la muñeca despertó) -murmuró una joven rubia cerca de la pila de sábanas.

-Она думает, что это отель. (Ella piensa que está en un hotel) -Una más vieja rió con burla.

No necesitaba traducción, sabía perfectamente que se burlaban. Y yo no tenía ni idea de qué demonios estaba haciendo aquí.

Nos dieron guantes rotos, agua helada, y una pila interminable de ropa sucia que olía a sangre seca, sudor y humo. Un uniforme cayó frente a mí, tenía el nombre escrito con marcador en el cuello: "Antonov"

Un escalofrío me subió por la espalda.

Tenía muchas preguntas en la cabeza, no entendía nada, no sabía que hacer...








Editado y Reescrito.

𝐋𝐚 𝐏𝐫𝐢𝐬𝐢𝐨𝐧𝐞𝐫𝐚 || 𝐃𝐦𝐢𝐭𝐫𝐢 𝐀𝐧𝐭𝐨𝐧𝐨𝐯Donde viven las historias. Descúbrelo ahora