Podré ser muchas cosas,
pero tibia no me criaron,
me enseñaron que es de cobardes no arriesgarse.
y que al sentir de la saeta,
los pechos fríos jamás arrostraron,
perdiéndose un mundo mágico,
de aventuras que jamás fraguaron.
A mi me enseñaron a jugármela,
a no vivir abrazada del miedo,
a comprender de dónde viene,
acariciarle la frente, a tomarle de la mano y decirle:
-Te vienes conmigo, aquí no me detienes.
Me enseñaron a amar profundamente,
a no tener miedo a mostrarme,
a que mi fortaleza es saberme sensible,
a arriesgarme con proeza,
a no llevar una bandera de hielo y ambigüedad a mis conquistas,
a entregarme con entereza.
Me enseñaron a abrazar la intensidad,
esa que recorre por mis venas,
a plasmar en letras y en colores,
a darme sin recelo, a manos llenas.
Y aún sabiendo que puedo salir lastimada,
con las rodillas sangrantes y las ideas sesgadas,
con el corazón deslustrado,
y sintiéndote cual mariposa arrollada,
me aferro a lo que aprendes en la caída,
cuando notas que se te han roto las alas,
cuando solo quedan las memorias que destartalas,
de a poquito, desgarrándote pero sin lugar a dudas,
transformándote, metamorfoseándote.
Agradezco la intención y la propuesta,
pero la rechazo con firmeza,
más no creas ni un momento que no me cuesta.
pero no estoy para dar amor, a cambio de avoleza.
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La jodida antología que es la vida
AcakMuchas veces nos preocupan miles de cosas, que si después de los 30 aún hay diversión, que si a los 20 ya deberías ser exitoso (o tener el éxito que al menos la mayoría considera como tal), que la Universidad, que los amigos, que las responsabilidad...