Ágrabah era un reino enorme, vasto y de los más prósperos me toda la tierra conocida, ciertamente en dicha ciudad se podía encontrar cualquier cosa que se buscará con atención.
El sultán, un hombre algo mayor, regordete y siempre sonriente, gobernaba sabiamente habiendo salvado a todos de la guerra en varias ocasiones, la leyenda contaba que construyó un miró encantado para que la maldad no llegase a Ágrabah.
Apenas amanecía cuando el mercado principal ya tenía montones de peatones y carreras transitando ávidamente a lo largo de las calles. Gritos y ofertas por todos sitios, las voces de charlas y regateos llenában el aire, mientras la gente estaba en sus propios asuntos un pequeño mono con chaleco se escabullía tras un puesto de manzanas, mientras un joven de piel morena y enorme sonrisa conversaba con el vendedor.
-Así que, ¿Las cosechas han ido bien, eh?
-Hijo, son las mejores de todo este sitio. ¿Vas a comprar o seguirás intentando comer con la vista?
-¡ Ah! Es que soy bastante quisquilloso, no se si se vean lo suficientemente jugosas.
-Sé lo que inentas hacer- el muchacho quedó pasmado, levemente sonrojado por la pena, ¿Había sido descubierto? -Quieres que te de a probar y luego resultará que no traes dinero contigo.
-Oh, ah ....para nada, tengo dinero ..... aquí debería -metió las manos a los bolsillos de su pantalón, aún sabiendo que ciertamente no tenía siquiera un caramelo ahí. Es decir, ni siquiera tenía una camisa decente, iba por ahí con ese chaleco parchado siempre. Quizá por eso era que la gente le ponía difíciles sus tretas. Debería intentar robar alguna ropa más sustanciosa para aparentar ser la clase de hombre que puede pagarse unas manzanas, o eso pensó.
-¡ALTO AHÍ, MALDITO SIMIO!
abu corrió sosteniéndose el sombrero con una mano y en la otra llevando algunas frutas dentro de un pequeño costal que parecía más una bolsa, se perdió entre la multitud y pronto el señor lo perdió, regresó rápidamente a su puesto y entonces percibió que su saco de trigo molido estaba abierto y le faltaba una bolsa. Evidentemente aquel joven tampoco estaba.
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.A medida que corrían subiendo escaleras e intentando encontrar un techo, Aladdín tomo un jarrón de un anticuario y un puñado de sal de un costal abierto, como pudo siguió avanzando, por suerte en ésta ocasión los guardias no habían reparado en su pequeño robo, pero aún así debía darse prisa para evitar problemas. Abu y él escalaron hábilmente las partes más sinuosas de las construcciones, en cierto momento ya no había más gente que pudiera obstruirles el paso, bajaron la velocidad.
Los ojos marrones del travieso pillo cayeron hacia su secuaz, sonrió y se detuvo, el pequeño mono hizo lo mismo.
-Abu, lo logramos, caminemos a casa y te prepararé el pan de trigo que tanto te gusta, ¿Bien?
La criatura le extendió la bolsa con la fruta y él la colocó dentro del jarrón, su mano izquierda estaba cerrada en un puño puesto que aún cargaba la sal, el animalito subió a su hombro y ambos terminaron el recorrido hasta su hogar.
La zona fantasma era el nombre que algunos le daban a ese sitio, era una zona apartada, nunca supo la historia completa pero siemore había vivido ahí, o eso creía, muchas piezas de su niñez estaban ausentes de sus memorias "quizá no tenía suficiente comida como para guardar recuerdos" pensaba para sí mismo. Comenzó a subir las escaleras finales hasta llegar al punto alto donde residía. Una parte de esa planta alta estaba destruida "vista panorámica" la llamaba el joven. Sus muebles eran una colección de cajas de madera, telas y un par de cojines.
Aladdín era un joven con músculos, al menos más de los que cualquier hombre de su complexión tendría normalme, pero era consecuencia de toda la labor física que desempeñaba diariamente, después de todo la comida no era fácil de conseguir, los guardias cada vez rondaban en más puestos y por más tiempo. Abu juntó varitas de madera en el círculo de ladrillos rotos, el joven tomó dos piedras y comenzó a frorarlas para hacer una chispa, luego procedió a prender el fuego. Tomó caja de plata que usaba como horno y la colocó en las llamas, mientras se calentaba el artefacto, se apuró a usar el trigo que robó con agua y sal, amasó con maestría los ingredientes hasta poder formar pequeñas bolitas, consiguió hacer seis.
-Amigo, tendré que encargarte que coloques esto con cuidado en el cofre y lo cierres, ¿Podrás ayudarme? Mientras tanto debo llenar este jarrón con agua, porque el vaso que teníamos antes ya se ha vaciado.
Su compañero asintió sonriente. El muchacho se levantó y echo a su hombro el traste, sonrió para despedirse de su querido Abu y entonces emprendió el camino a la cordillera de las ruinas, dónde había un pequeño lago, quizá una filtración de alguna fuente cercana, le tomó un momento conseguir al menos tres cuartas partes de agua en su jarrón nuevo y entonces, cuando se iba a levantar para regresar, vio brillar una pequeña joya en el agua, extendió su mano y pudo ver un anillo con una hermosa gema verde en el centro, sus manos eran muy grandes para usarlo, pero seguro le serviría después, así que lo echó a su bolsillo y se apuró.
La ciufad era hermosa pero cruel, el sol del desierto era tosco, la arena incesante, era necesario ser muy listo para sobrevivir en un lugar así de hostil. Un chico como él nunca había ido realmente más allá de sus ruinas y el mercado principal, pero con la vigilancia nueva, seguramente sería inteligente comenzar a visitar otros mercadillos para conseguir comida, por el día de hoy tendría suficiente.
También podría explotar más de las ruinas en busca de telas y utensilios, no siempre podía darse el lujo de robar artículos nuevos, después de todo.
Su piel quemaba cómo todos los días, se quitó el chaleco al llegar, no es como si viniera demasiado de cualquier modo. Tomó una vasija de arena y apagó las llamas del fuego, ahora solo habría que esperar a que el cofre se enfriara y en unas horas tendrían su pan.
Abu estaba durmiendo en una zona con sombra, con un corazón de manzana a su lado.
-Me alegra que hayas desayunado, amigo.
Aunque sabía que el nunca contestaría, estaba casi seguro de que él lo podía entender, Abu solía ser un pequeño mono que el circo de bagban llevaba en su carroza, cuando pasaron por Ágrabah. El pequeño soltó el seguro de su propia jaula y corrió hacia él, entonces solo se volvieron inseparables, un chico huérfano y sin oficio, y un monito indefenso, sin familia.
Eran el uno para el otro, incluso ambos tenían sombrero y chaleco, un par de elegantes caballeros, Aladdín rió para sí mismo y luego tomó un durazno, para comerlo.
Tenía más hambre de la que el pan o las frutas pudiesen saciar, pero simplemente haría lo que cualquier otro día, soportarlo.
Era mejor comer poco varios días que comer cada tres días.
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Mi mayor deseo
FanfictionDedicada con mucho cariño a Woe ux, quién fue la persona que me inspiró a escribir está pequeña historia ❤️ . . Universo alternativo . . Aladdin, un aventurero ladronzuelo en un gran reino, que colisiona con dos grandes situaciones: la lámpara mági...