II

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                                         Amelia

El Dr. Flaguer abrió uno de los cajones del escritorio que estaba pegado junto a la mesa donde se encontraba rodeado por estas dos, sacó una pequeña caja de madera donde guardaba unos espléndidos puros procedentes de La Habana, cogió uno y lo encendio y comenzó a decirme:

- Amelia tengo en cuenta todos estos largos años que llevas a mi servicio y que nunca dejaré de darte las gracias por ser tan perseverante y eficaz en tu trabajo, por tu ayuda e podido hacer mas llevadero todo lo que nos cae encima de pilas y pilas de trabajo esforzado a pleno sol, días y noches enteras estudiando diferentes artefactos o los diferentes jeroglíficos que teníamos que estudiar y resolver, sin contar los innumerables problemas que hemos tenido con gente que intentaba arruinar nuestro trabajo a lo largo de todos estos años.

- Gracias Dr., pero no se a donde quiere llegar contándome todo eso, le interrumpi sabiendo que iba a decirme algo que no me gustaría poniendo cara de extrañada al no saber por donde iba a tirar.

- Ya se que estos últimos días no nos hemos llegado a entender muy bien debido a los pequeños problemas que han pasado con los exploradores, pero eso no significa que no podamos retomar nuestra afinidad respecto al trabajo como lo hemos estado haciendo hasta hace poco tiempo, me decía mientras observaba los documentos que habia dejado sobre la mesa.

- Los exploradores lo único que querían era seguir con la búsqueda, y yo también queria seguir, usted no les dejo mas remedio que abandonar aquellas excavaciones, me pase meses estudiando y analizando todo el perímetro para luego acabar en nada, le dije al Dr. Flaguer con un tono alto y desafiador.

- Ya hablamos de eso Amelia, y creo que lo deje bien claro, o ¿Me equivoco?, me preguntaba el Dr. mientras se colocaba las gafas que se le resbalaban continuamente.

- Si lo hablamos Dr., pero ... .

- Pero no hay más que hablar Amelia, me dijo cortandome la frase y reprimiéndome en un tono alto e hipnotizador.

- Bien, vayamos al grano entonces. Recibí hace poco mas de una semana una notificación donde un tal profesor West me comunicó que enviaría a un chico recién licenciado para ponerlo a prueba en la arqueología, hizo una breve pausa, se levanto del asiento y se puso frente a las enormes ventanas observando el atardecer y viendo las ajetreadas calles mientras segui fumandose el puro de La Habana.

En el fondo ya me estaba imaginando que el Dr. Flaguer iba a decirme algo parecido, después de haber sacado la historia de que soy eficaz en el trabajo y tal, era de esperar, aunque nunca se llege a conocer a una persona tal y como es en realidad.

Mi padre me decía cuando era pequeña muy a menudo que las personas son el reflejo de sus actos y no de sus palabras, todo el mundo puede decir cualquier cosa, la que fuese, y los que no pudieran ver esos reflejos se lo creerían, el Dr. Flaguer no era esa clase de personas, era totalmente transparente con todo el mundo, se le notaba cuando algo le agradaba y cuando no le gustaba, bastaba con ver su reacción y podías comprobarlo al momento.

- Con esto quiero decir que vas a tener un nuevo ayudante y que podras salir de nuevo a explorar y hacer excavaciones, siempre y cuando te contengas de tu impulsivo comportamiento que han arrastrado a tus antiguos ayudantes, continuó el Dr.mientras se giraba para razonar mi comportamiento a lo que yo veía de lo mas normal con un atenuante sonido que me inquietaba.

- Entiendo que estes enojado, pero no llegaste a conocerlos tal y como eran en realidad Dr., además ellos mismos me buscaban metiendo cizaña, no quería que le salpicarle de todo este marrón, mientras le hablaba el Dr. Flaguer se volvió a sentar en su silla dejando el puro sobre un cenicero de mármol blanco y sacó un enorme archivador rojo forrado.

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⏰ Última actualización: May 26, 2015 ⏰

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