Comfort.

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Mientras mi mente divagaba con la posibilidad de conocer al director del periódico, me deleitaba recordando sus hombros anchos, su cabellos castaño y sus ojos marrones, me imaginaba reflejarme en ellos.

Ahora el problema sería que llevarme, era una noche de gala, tendría que pensar en llevar un buen vestido, aunque por la situación por la que estaba atravesando, no tenía mucha ropa decente, pero tal vez Liz me ayudaría.

Teniendo eso en mente, me apresure a tomar una ducha, el malestar de Carrey era real, la noche anterior llegué y me quedé dormida sin haber tomado una ducha.

Mientras me duchaba, una noticia en la televisión llamo mi atención, algo al parecer inusual había pasado en las costas de Japón, un calamar gigante se había aproximado demasiado cerca, tan cerca que había sido posible fotografiarlo y tomarle un vídeo, aunque ahí habían dicho que era un especimen joven y que tal vez se había perdido y por eso se encontraba en aguas poco profundas, tal vez era algo inusual, pero mi interior sabía que era algo más, me palpitaba el corazón con rapidez, no explicaba el por qué.

De nuevo el maullido de Carrey me hizo salir de ese trance, la pobre se preocupaba demasiado por mi bienestar, aunque no lo pareciera.

Disipe esos pensamientos con rapidez, volviendo nuevamente a concentrarme en ir con Liz y esperar que le pudiera ayudar con la situacion, yo de todo corazón esperaba que así fuera, pero ella era un poco sobreprotectora y eso me asustaba un poco; no era de extrañar, ella había perdido a sus padres desde muy chica por un ataque comandado por las fuerzas del presidente Zedillo en el año de 1995 en el estado de Chiapas, ellos eran voluntarios a defender la zona en conjunto con uno de los pastores Samuel Ruiz García, fue inevitable su descenso, fue el mismo párroco quien se la entrego a su abuela, para que la protegiera y cuidara desde ese momento, Liz, con apenas dos años de edad.

La adoraba, Liz había sido la primera persona en hablarme después de mudarme a la CDMX, y desde entonces ha sido mi mejor amiga, a pesar de sentirme mi madre.

Eso era lo de menos, lo más preocupante era que me pondría para ir a la cena de gala.

Al llegar a casa de Liz, ella ya me esperaba en la sala con unos hermosos sillones color jade y una mesa de centro de caoba oscura, al fondo una barra de un mini café, a un lado el baño de visitas y más al fondo dos cuartos a los que, por lo general nadie entraba, más que Liz y su abuela, el piso cubierto por una alfombra oscura.

-Hola hola, buenos días- dijo Liz mientras se acercaba a mi con un bailecito de felicidad.

-Hola, buenos días ¿Que mosco te pico?- pregunté algo confundida.

-Nada nada, solo que ya nos enteramos que fueron a visitarte muy temprano en la mañana- dijo sonrientemente.

-¡¿Que?! ¡¿Cómo te has enterado de eso?!- pregunté casi en un sobresalto.

-Vamos Monse, sabes que aquí uno se entera de todo, además, su carro sobresaltaba en todo el barrio, ahora bien, dime ¿Quien era?- preguntó en tono pícaro.

-Era el guardia de seguridad del periódico en el que me refugie ayer, venía a entregarme mi billetera y algo más- dije en tono igual de pícaro.

-¿Algo más?- me respondía Liz mientras se acercaba abriendo sus ojos de par en par, tal vez por el asombro.

-Si, algo más, y de lo cual necesito tu ayuda.

-¡Claro que sí! Pero dime ¿Que es?- preguntó haciéndome una seña para sentarnos en los sillones.

-Es una invitación a una cena de gala.

-¡¿Que!?- dijo sorprendida.

-Si, así es, es una invitación a una cena, solo que no se que ponerme, no tengo vestidos para la ocasión- le dije un pocos avergonzada.

-No deberías de preocuparte, has venido al sitio correcto, aunque, no deberías de ir sola, yo podría acompañarte ¿Para cuántas personas es tu invitación?- a Liz le hacía ilucion ir de acompañante.

-No lo sé, no dice si tengo que ir sola, no me he traído la invitación, pero en cuanto llegue a casa te llamo y te rectifico ¿Te parece?

Liz hizo una mueca de desaprobación, cómo haciendo berrinche, cruzo los brazos y me miró fijamente esperando a que le diera otra respuesta, una que si la contemplará en mis planes.

-Esta bien, Liz, podemos ir las dos, pero si nos regresan será por tu culpa- le dije para que me dejara de presionar.

-¡Yheiii! ¡Genial!- gritó -Ahora sí tenemos que ponernos en marcha, aunque antes que nada, deberías de decirme quién es ese director  del que dices ¿Lo conocemos?- preguntó con brillo en sus ojos.

-Si, si lo conocen, alguna vez nos entrevistó aquí, precisamente, en tu casa, cuando hicimos la marcha en contra del arzobispo de la catedral- respondí.

La cara de Liz cambio bruscamente, su color de piel palideció al igual que el brillo de sus ojos, tal vez por recordar lo que había pasado con el arzobispo o tal vez por otras cosas.

-¿Estás bien Liz?- le pregunté dándole palmadas en el hombro.

-Si, si- respondió sin préstame mucha atención.

La mirada de Liz se había perdido en el abismo creado por mi culpa al hacerla recordar malos tiempos.

-¡Liz!- grité esperando que reaccionara.

-Estoy bien, estoy bien- respondió.

-No lo parece, perdón si te hice recordar algo- conteste avergonzada.

-No es eso, Monse, solo que ya ha pasado mucho tiempo desde aquel acontecimiento, y miramos ahora, solo las cicatrices quedan- dijo mientras se abrazaba a ella misma.

-Lo se, lo siento- abrace a mi amiga para que se sintiera más segura.

-Esta bien, ahora sería bueno que me contarás algo más de ese señor- me dijo alejándose un poco de mi y limpiándose las lágrimas.

-En realidad no lo conozco bien, y parte es tu culpa, anoche el me iba a traer a casa, cuando llegaste tu y me raptaste- le dije haciendo una mueca con la boca.

-Lo siento- respondió tapándose la boca y abriendo los ojos sorprendida.

-Esta bien, ahora por eso vengo a solicitar tu ayuda, para ir a esa cena de gala, de una forma me tienes que pagar lo que hiciste anoche- respondí jugetonamente.

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⏰ Última actualización: Oct 03, 2022 ⏰

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Darkness: el comienzoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora