Otra vez

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Era un nuevo día. Nayeon se despertó, desgreñada, pero con ánimos, pues iba a ver nuevamente a la rubia. Era lo único bueno de ir a la escuela, estar con ella y reírse hasta de lo que no causaba risa, solo algo que ambas entendían.

La castaña se bañó, se vistió y bajó a desayunar con una sonrisa en la cara. La cual se borraría (nuevamente) al encontrar a su madre dormida en el sofá con una botella de alcohol en su mano, y una que otra, en el piso, así que ella misma decidió hacerse su almuerzo. Digo, como siempre.

Esa vista no era nueva. Ya se había acostumbrado a ver a su madre así.

Terminó de comer, agarro su mochila y se fue directo a la escuela.

Entrando al aula, vió a su amiga esperándola como siempre en su asiento, Nayeon le sonrió y la saludo con un abrazo. Cómo si no la hubiese visto en años. La rubia correspondió de inmediato. Volviendo a aferrarse a ella.

—Que buen inicio del día. Presiento que hoy será bueno.— Susurró Jeongyeon con una risita. La contraria se rió, en parte porque su susurro le había causado cosquillas. —Bueno. Cualquier día es bueno si tu estás presente.

La castaña sonrió al cumplido. Genuinamente, pues le causó una felicidad y emoción escuchar eso.

—Vamos a sentarnos. La maestra no tarda en llegar.

—Ay, ¿Y qué?

—No porque tú seas una rebelde quiera decir que me metas en problemas. Siéntate.

Jeongyeon se sentó.

Después de clase, Nayeon invitó a Jeongyeon a su casa. La cual acepto gustosa. Mientras caminaban hacia esta, Nayeon habló rápidamente con nervios y estrés. —Mira. Mi mamá es algo complicada. Yo... Eh... Ella...— Jeongyeon prestaba atención. Algo desconcertada.

—Ella es una mujer difícil, Jeong. Toma alcohol. Creo que con eso te digo todo.— La rubia suspiró y comprendió. Acariciando el hombro de la otra. Provocando que está se calme tras su toque.

—Tranquila. Lo entiendo... Y no te juzgaré. No es tu culpa, Nay.— Ofreció una sonrisa calida. Y algo en Nayeon se suavizó.

Al llegar, afortunadamente la madre estaba acostada en su propio cuarto. Así que Nayeon se llevó a Jeongyeon al otro. Para empezar a hacer algunas tareas y también hablar de algunas cosas que solo ellas entendían de la otra.

Rieron. Dieron las 8 de la noche y ambas habían terminado sus deberes. Ahora solo estaban acostadas de lado en la cama, mirándose frente a frente.

—¿Alguna vez has pensado escapar del mundo? Digo. Cometer cosas que aquí son malas.— Preguntó Nayeon. Jeongyeon rió, y con un tono algo bromista pero suave respondió. —Im Nayeon, ¿Acaso quieres robar o matar?— La castaña río en respuesta. Pero volvió a ese tono serio.

—No. A otras cosas...

—¿Aja? ¿Cómo qué? Dame ejemplos. Hay muchos crimenes o cosas malas en el mundo, zanahorias.

—Esto.— Acto seguido, Nayeon se acercó mucho a la cara de Jeongyeon. La cual se sorprendió. Y de repente, sus labios se juntaron con los de la otra. Sus ojos se cerraron y se dejaron llevar. El beso era inocente. Puro. No había maldad. No había malas intenciones. Solo afecto.

Cuando Jeongyeon acarició la mejilla de Nayeon, está se dio cuenta de lo que estaba haciendo, se apartó, empujó a la rubia y se levantó de la cama para correr a su baño y encerrarse. La rubia, después de procesar lo que había pasado, la persiguió. —¡Nay!

Do I really hate her? |  2YEONDonde viven las historias. Descúbrelo ahora