IV.

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-Largo.- Exclamó desganado cuando escuchó como tocaban su puerta, hace un rato había llegado del pueblo y claro, le quitó el seguro a la puerta.

-No soy Hannah, no me hables así.- La reina Leonor entró por la puerta con una bandeja en mano acompañada de un semblante sereno.
-Ups..

-Disculpame si te desperté, Hannah me dijo que estarías dormido pero vengo a ofrecerte algo que no vas a poder rechazar.- Alois comenzó a poner más atención.
-Escuché que hoy vinieron un par de personas provenientes del reino de tu tío Arnold buscando trabajo. ¿Quieres ir a conocerlos mañana cuando inicie su hora laboral?- Leonor le había estado dando la espalda a su hijo, no lo había visto a la cara, no podía.
-Sí, ¿pero...?

-Acabate la cena, al menos come la mitad.- El ceño de Alois se frunció lentamente, aunque se lo veía venir cuando vió a su madre trayéndole la comida en lugar de Hannah, pero de alguna forma le seguía molestando que siguiera con lo mismo.
-Hijo, ya no podemos seguir así, me duele mucho verte más delgado, ¿quién me asegura que realmente comiste bien hoy?, ya no sé cómo ayudarte. Cómo ponerle fin a este capricho.- Sus palabras calaron profundo en la herida alma de Alois, lo dañaba, su propia madre lo hacía sufrir.

-¿¡Capricho!?, ¿¡en serio crees que es solo un capricho!?, ¡tu no lo entiendes, solo no me entiendes y estoy harto de tu lástima!-
Los recuerdos de esa misma tarde volvían a su mente, absolutamente lo recordaba con certeza.

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(Advertencia: Problemas alimenticios, si eres sensible mejor salta esta parte.)

Recordaba como Hannah entró a su habitación con su comida favorita y ojos de esperanza, esos que le suplicaban que clavara diente en esa deliciosa carne.
"Le he traído su comida favorita, espero le guste." Después de eso, se retiró.

Alois miró la carne, ahora realmente quería comer, se le estaba haciendo agua la boca.
Respiró hondo y tomó el tenedor, su mano comenzó a temblar y juraba que su respiración comenzaba a alterarse de sobremanera, pero finalmente se echó el bocado a la boca.

Lo saboreó, sintió su textura, mordió suavemente y sonrió cuando su paladar se deleitó con todos aquellos sabores y texturas, finalmente se lo pasó.

No quería apresurarse, no quería desilusionarse, así que esperó y esperó, pasados unos minutos todo seguía buen, él se sentía bien.

Sonrió aún más y comió otro bocado repitiendo la experiencia anterior, volvió a esperar y comió otra vez.

Llevaba casi la mitad del plato, que aunque no pareciera mucho, para él era suficiente.
Ojalá hubiera seguido así.
Estando a poco de comer otro pedazo de carne la observó, y el asco llegó a él. Inmediatamente sintió inmensas ganas de vomitar, corrió hasta el baño y de su boca salió lo que había comido, su logro, felicidad y tranquilidad se esfumaron en un segundo.

Intentó engañarse a si mismo, así que tiró el resto de la comida por el inodoro para creer que él se la había terminado, aún así, se sentía desilusionado.

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-Hijo, no es lástima, me preocupo por tí, no es fácil esto para mí.

-¿Para tí?, ¿¡esto no es fácil para tí Leonor!?- La reina volteó a verlo con tristeza, nunca en la vida Alois la había llamado por su nombre.
-Quiero verte intentarlo, yo sé que un paso escencial para que salgas de esto es intentarlo, puedes comenzar intentando comer.

𝐇𝐀𝐔𝐍𝐓𝐄𝐃 || 𝘾𝙞𝙚𝙇𝙤𝙞𝙨Donde viven las historias. Descúbrelo ahora