Grillo

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Cuando Mikey despertó, ya pasaban de las 2 de la tarde. Las cortinas de la habitación estaban cerradas, así que la luz no era molesta, aún así, todo estaba perfectamente visible, incluyendo al pequeño capullo con cara de niño que vio apenas abrió los ojos.

Mikey soltó un pequeño grito antes de girar y caer al suelo con estrepito. Mierda.

La puerta se abrió de golpe segundos después, dejando ver a un asustado Draken. —¡¿Qué pasó?! ¡¿El niño está bien?!

—Al diablo con el niño. —gruñó Mikey. —¿Por qué mierda está en la cama? ¿Sabes el susto que me llevé? Tienes suerte que solo me haya caído y no me haya cagado en los malditos pantalones.

Draken frunció el ceño. —No seas imbécil. ¿Dónde se supone que iba a ponerlo? Tenía sueño.

—¿No tenemos una jodida segunda habitación para evitar que me despierte con un desconocido en mi maldita cama? Mierda, por un momento creí que había parido mientras dormía.

—¿No lo habías traído para que fuera nuestro hijo? No puedes referirte a él como un desconocido. —Draken chasqueó la lengua, entró a la habitación quitándose el mandil que llevaba puesto y tirandolo a la cara de Mikey, quien seguía en el suelo. —No quería que se despertara con miedo si estaba solo, por eso lo traje a aquí, pero igual lo asustaste con tu estupidez.

Ante la mirada indignada y sorprendida de su novio, Draken tomó a un recién despierto niño en brazos y salió de la habitación, gritándole a Mikey de camino a la sala.

—Lleva tu flojo trasero a la cocina y terminade hacer la comida mientras busco que pañal le queda al niño, ¿quieres?

Mikey subió de nuevo a la cama, sosteniendo el mandil en su mano izquierda, sobó suavemente su espalda e hizo una mueca con falsa tristeza. —¿Es esto lo que llaman descuidar al marido por las crías?

Con pesar, se puso el mandil con dibujos de motos que habían conseguido por amazon hace unos meses y salió en dirección a la cocina.

Vio en la estufa unas cuantas verduras revueltas y unos cuantos trozos de filete de pescado en la parrilla. Mikey suspiró viendo el avance, sabiendo que estaría al menos diez minutos ahí.

Para cuando se encontraba acomodando su pequeño comedor de cuatro sillas, Draken apareció de vuelta, el niño seguía en sus brazos, todavía envuelto en la esponjosa cobija. Mikey arrugó la nariz.

—No es que yo sepa mucho sobre niños —comenzó. —, pero, ¿no crees que se le dormirán los brazos si sigues llevándolo como recién nacido por siempre?

Draken abrió los ojos un poco más. —¿Qué? ¿Qué edad tiene?

—Cinco, creo.

Draken frunció el ceño, mirando a la pequeña criatura silenciosa que se escondía en el fondo de la cobija.

—Pero si es tan pequeño. —murmuró, confundido. —Creí que no tendría más de dos años.

Mikey se encogió de hombros. —No creo que puedas compararlo con otros niños, de todas formas. —le quitó al niño de los brazos y lo acomodó en una de las sillas, notando rápidamente que era demasiado pequeño como para comer en la mesa con ellos. Tuvo que levantarlo y sentarse en su lugar para colocarlo en sus piernas.

Aflojó la cobija y consiguió sacar los dos pequeños brazos fuera de ella. Draken lo miró con una pequeña sonrisa queriendo formarse en sus labios. Mikey en realidad era muy bueno con los niños, él sabía eso por la manera en que los niños que entrenaban en el dojo de los Sano lo seguían como pollitos.

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⏰ Última actualización: Jan 10, 2023 ⏰

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Un bebé para mi novio || DrakeyDonde viven las historias. Descúbrelo ahora