Capitulo 52

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Capítulo 52.


Cuando llegamos al puerto donde nos quedaríamos, los amigos y familiares de Louis nos sorprendieron con una cabaña solo para nosotros dos. Inmediatamente que entramos, Louis me ofreció meternos a duchar juntos y claro que acepté. 


– Iré a preparar la tina – dijo mientras se desfajaba la camisa a rayas que llevaba puesta.


Me quedé hipnotizada por la manera en que caminaba hasta que de repente escuché el agua correr. Me di prisa para seguirlo. Cuando llegué al baño me di cuenta lo enorme que era. La tina era como nuestra propia alberca pequeña y la regadera era suficiente para que unas cuatro personas cupieran a la perfección. Observé a Louis mientras se quitaba la camisa y solo se quedaba en pantalones. Delineé su perfecta espalda imaginariamente mientras guardaba esa imagen en mi memoria para siempre.


Un mechón de cabello le caía por la frente y todo su cabello alborotado le daba un aspecto perfecto a su rostro. Louis notó mi presencia así que se dio vuelta y se acercó a mí cautelosamente. Una de sus manos viajó hasta el escote de mi blusa y con la punta de su dedo acarició la piel que se mostraba desnuda. Lo miré directamente a sus ojos miel mientras sentía como mi piel se erizaba completamente.


– No puedo mirarte y no desear hacerte cosas impuras – susurró con tono seductor.


Lamió sus labios y pasó la otra mano por su alborotado cabello para "acomodarlo" un poco y luego tomar mi cintura con ella y jalarme delicadamente hacía él.


– Entonces no me mires, no quiero que te vayas al infierno – susurré.


La mano que estaba en mi escote se posicionó en mi mano alzándola en una posición que parecía que estábamos bailando. De repente me hizo dar una vuelta y detenerme de nuevo frente a él.


– El problema es que no puedo dejar de mirarte – admitió mientras la mano que estaba en mi cintura subía delineando todo mi cuerpo hasta llegar a mi cuello.


Louis susurró algo que no pude entender pero después sentí y saboreé sus labios una vez más. Lo impresionante era darme cuenta que cada beso que me daba era diferente, con otro toque de pasión diferente mientras su respiración chocaba contra mi piel y podía oler el delicioso aroma de su aliento en mi boca. Me rodeó con sus brazos por la cintura e hizo que nuestros cuerpos se volvieran uno sin dejar de besarme lentamente pero apasionadamente a la vez.


– No te vayas de mí nunca, Audrey – soltó Louis sobre mí.


– No lo haré – tragué saliva.


Tal vez físicamente lo haría algún día, pero mental y emocionalmente nunca lo haría. Él siempre ocuparía una parte en mis pensamientos y en mi corazón. Tomé una bocanada de aire y volví a besarlo apresuradamente.


– Ven – dijo mientras se alejaba de mí pero me tomaba de la mano para que lo siguiera. – Quiero desnudarte, y no precisamente para cogerte.


Reí un poco.


– ¿Te parece gracioso? – me preguntó enarcando la ceja.

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