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Granola se recostó sobre el césped, agotado, con una sensación de insatisfacción que se extendía desde su pecho y contaminaba su calma. ¿Por qué estaba tan poco conforme, si él y Merus habían logrado resolver sus diferencias y complementarse para derrotar a aquel villano? Eso era algo para celebrar, porque nadie siquiera podría imaginarlos trabajar en equipo debido a las discusiones entre ambos que casi siempre iniciaban por Granola.

Habían terminado el trabajo y ya no se volverían a ver las caras, ¿verdad? Esa era la mejor parte del día, o al menos eso debería. Granola sentía un conflicto interno desarrollarse mientras veía al patrullero alistándose para irse. Una parte de él le quería gritar lo mejor que estaba sin él y antes de conocerlo... pero la otra parte quería sujetar a Merus y darle una razón para quedarse.

Suspiró frustrado, sentándose y cerrando los puños sobre el césped a sus costados. Ya no sabía lo que quería y era justamente eso lo que más le molestaba. ¿Para qué perder el tiempo con alguien tan 'frío' e 'inexpresivo' como Merus? ¿Siquiera valía la pena pensarlo y buscarle una respuesta? Solo quería hacer desaparecer aquellos sentimientos que surgían y lo confundían más de lo que quisiera. Pero entonces estaría huyendo y eso es algo que le hería el orgullo.

Necesitaba afrontarlo pero ¿quién se creía Merus que era? ¿qué derecho cree tener como para abrazarlo y otorgarle consuelo? No es que Granola necesitara de él ni nada por el estilo. Después de todo, se las había arreglado para valerse por sí mismo durante tanto tiempo y aún así... Maldición, aquellos ojos lila lo miraron con tanta preocupación, con tanta estima, cariño y...

-Um... hey.

Casi al instante, el patrullero se giró lo suficientemente como para atender el llamado. Granola se congeló por unos instantes, sintiendo sus nervios tomar terreno sobre su cuerpo con tan solo obtener la atención del ángel. ¿Qué se supone que iba a decirle? ¿"gracias por todo"? Aunque quisiera, no había manera de expresar lo que sentía porque ni siquiera podía descifrarlo o... aceptarlo.

-Bueno, yo... quería- por alguna razón, se detuvo en seco. Ese extraño conflicto interno seguía vigente en su cabeza, pero ahora era mucho más visible que antes-. Yo... te quería agradecer por haber atendido mis heridas mientras me encontraba inconsciente y...

Con el nerviosismo cada vez más elevado, ocultó y desvió su mirada sobre cualquier otro sitio. Su cabeza estaba hecha un lío y ni siquiera podía ser capaz de articular una oración completa sin que los deseos de ponerse de pie y besar a Merus se interpusieron. Le asustaba incluso, porque al conocer su impulsividad no estaba seguro de si era buena idea seguir con su parloteo sin rumbo. Sus puños volvieron a cerrarse con fuerza sobre el césped, mientras las mejillas se le teñían de carmín.

-Granola...

Había comenzado a divagar, que no se dio cuenta de que el patrullero se acercó; sino hasta que tomó asiento al lado suyo. La repentina aproximidad lo puso aún más rojo que antes, no sabiendo exactamente qué hacer ante ello.

-Me haces entender un poco más las emociones- continúo él, mientras flexionaba sus rodillas hacia su pecho y apoyaba sus brazos sobre las mismas-... y los sentimientos. Mi corazón estaba confundido ahora porque siento alguna clase de conexión contigo. Puedo sentir y experimentar junto a ti cientos de cosas tan diferentes y complejas... ya no sé si te veo como solo un compañero.

Granola, con el corazón casi saltando de su pecho, volteó a ver a su acompañante con tanta vergüenza en el rostro, que ni siquiera se podría imaginar que se trata del mismo cazarrecompensas frío de siempre. Tragó saliva para poder sobrellevar los nervios. No sabía qué decir o hacer y temía tartamudear en caso de responder a aquella confesión.

-Es cálido... mi pecho se siente cálido en este momento. Jamás había sentido esa calidez tan... acogedora y a la vez incierta.

-Bueno... som-, fuimos compañeros... Los mortales sienten ese tipo de cosas hacia sus compañeros.

-No soy ningún tonto, señor Granola. El hecho de que jamás lo haya sentido no significa que no sepa qué es- en ese momento, Merus lentamente acortó aún más la distancia, gateando en su dirección, apenas dejando unos escasos centímetros entre ambos. Granola tan solo pudo retroceder un poco en respuesta-. Estos días juntos me han hecho reconocer que usted es alguien a quien quisiera tener a mi lado... Me gusta, Granola, me gustan las emociones que me haces sentir.

A este punto, el careliano podía sentir su corazón ir a mil por hora. ¿Todo lo que veía y oía era producto de algún golpe que se dio en la cabeza durante la lucha?, simplemente no podía procesar lo que le estaba pasando. Hace apenas unos días había tenido una fuerte discusión con Merus pero ahora... lo tenía a centímetros de él... tan accesible, tan íntimo. ¿Cómo carajos iba a enojarse por lo absurdamente impredecible que era, cuando en lo único que podía pensar era en la tibia y calma respiración que se mezclaba con la suya?

El contraste entre ambos era más que evidente y para Merus, el nerviosismo de Granola solo podía significar dos cosas.

-Si es amor lo que siento, ¿qué hará..?, usted podría besarme si quisiera. Tiene el absoluto permiso de hacer y deshacer para ver que tan lejos puede llegar.

El cereliano no pudo con tanto. Vacilante, dirigió su mano hacia el pecho del ángel con la intención de apartarlo, más nunca lo hizo. Detuvo todo pensamiento para sentir las palpitaciones aceleradas del corazón de Merus bajo su toque. ¿También estaba tan nervioso como él? ¿O acaso estaba emocionado? Era difícil leerlo en su expresión pero cuando tuvo el valor de mirar sus ojos, pudo ver en ellos un brillo lleno de ilusión. Su propio corazón dio un vuelco, queriendo ahora mantener la cercanía por varios minutos más.

-¿Amor...?

Parecía preguntarse a sí mismo, en voz alta. Él, que era un mortal, no sabía cómo lidiar con sentimientos románticos. Merus, siendo un ángel, parecía fascinado por los mismos. Lo irónico que resultaba la situación le hizo gracia.

-Amor.

Tal vez entendiendo a Merus, se entendía a sí mismo. Ambos estaban viviendo la magia del primer amor, el uno con el otro. Pero, a diferencia de él, el patrullero no parecía indispuesto a ceder. Siempre fue Granola el reacio a caer en sus encantos porque... porque sentía que no lo merecía. Pero aquí y ahora se le estaba brindando una nueva oportunidad.

-... Si te beso, ¿te quedarías conmigo..?- su mirada, que reflejaba cierto miedo, imploraba ser salvado de sus propios pensamientos. Merus podía verlo.

-Si me besas... jamás querría estar en otro lugar.

Granola asintió con ligera timidez, pero sus ojos se llenaron de determinación con tan solo escucharlo. Aquella mano temblorosa viajó desde su pecho, hasta su mejilla, acariciando la suave piel fría antes de tomarla con firmeza y, lentamente, ir cerrando los ojos para poder por fin cumplir con la más dulce fantasía que su subconsciente le había hecho vivir tan solo en sueños.

dualidadDonde viven las historias. Descúbrelo ahora