No aguanto a tu prima -Hombre G

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Soy la persona más inocente de este mundo, como los niños pequeños pero peor, horrible.

¿En qué momento decidí cree a Liv?, por supuesto que este finde no estaríamos los dos solos, en que estaba pensando. Carlos y Abel venían con nosotros.

Me quede sorprendido al entrar al tren y verme a Liv sentada entre los dos chicos, la mire con reprocho en silencio y como no tenía otra, me senté al lado de Abel, claro que me puse mis auriculares con mi playlist favorita del momento, pasando de todos, especialmente de mi amiga, se lo merecía.

Creo que el pelinegro (porque sí, Abel era jodidamente pelinegro, tenía el pelo demasiado largo recogido en un moñito que era imposible que le quedara bien a nadie que no fuera él, desgraciadamente), intento hablar conmigo pero hice como si nada.

En algún momento sentí como una mano congelada acariciaba mi piel por accidente y me arrancaba el casco de la oreja para quedárselo él.

-¿Qué haces imbécil?

-Quiero ver que escuchas, estate quieto, que me aburro. –Me pego un manotazo para que quitara mi mano que intentaba atrapar lo que era mío y empezó a mover la cabeza al ritmo de Venezia, de los hombre G – ¿Esta canción no es como de la época de los dinosaurios, Matti? Ponme otra cosa anda.

Al ver que la canción no cambio me quito también el móvil y empezó a explorar.

-¡No vamos a escuchar a Kanye West, Lovera!

Le volví a quitar el teléfono y para evitar que al final se lo quedara él le puse otra cosa y London Boy, fue mi mejor elección.

-No está mal del todo, Matti, vas mejorando.

-Deja de llamarme Matti, Lovera. Y claro que esta genial, es Taylor Swift.

-Te llamare como me dé la gana, en cambio tu sí que puedes decirme por lo menos Abel, soso.

Di la conversación por finalizada, sabía que no dejaría de llamarme Matti y que yo seguiría diciéndole por su apellido, Lovera, en realidad tampoco es feo, no sé porque se enfada tanto, pero que soporte.

Llegamos al apartamento a las 5 y media, un poco más tarde de lo previsto pero tampoco ocurría nada. Dejamos las cosas y nos preparamos para ir, bueno, Abel y Liv se prepararon, hasta con vaqueros y de todo, yo iba en chándal y me daba bastante igual, íbamos al campo a ver las estrellas, de noche no se veía la ropa.

Tuvimos que investigar un poco, ninguno tenía un buen sentido de la orientación, pero entre todo y perdiéndonos por caminitos logramos llegar al sitio, con grandes telescopios, montones de sillas como de playa y un grupito de gente, pequeñas familias agrupadas, esperando al atardecer, que sinceramente fue precioso.

Cuando se hizo de noche, atrapados en la oscuridad, el guía pidió que guardáramos los móviles y linternas, para que nos acostumbráramos y viéramos mejor las estrellas. Observamos la luna por el telescopio, era luna llena. Más tarde, nos hablaron un poco de las constelaciones que podíamos ver en el momento, como Orión y Tauro. También nos indicó que era raro pero allí estaba, Vega, la quinta estrella más brillante, la principal de Lyra.

Inconscientemente mire a Abel de reojo, pasando la vista por el tatuaje cubierto, sabía que estaba allí, aunque no lo viera.

El guía se llamaba Hugo, y sobre las once, cuando los más pequeños se habían ido, propuso un juego de orientación basándose en algunos datos que había explicado antes para saber hacia dónde vamos solo con mirar el cielo. Yo quería irme, pero como aquí se hace lo que Liv quiere (le hacía mucha ilu según ella), pues nos quedamos. El juego consistía en encontrar una bandera escondida al noreste entre dos árboles.

Como ya he dicho, el mundo va en contra mía, era por parejas, Liv iba con Carlos y a mí no me quedaba otra. Me coloque junto a Abel, la cosa iba de mal en peor. Hugo ato las manos de todas las parejas con una cinta, hasta que volviéramos no nos podíamos separar, teníamos una hora.

Yo no soy muy competitivo, pero Abel sí, y yo quería ganarle a Liv, así que salimos prácticamente corriendo hacia cualquier lado para poder organizarlos lejos del gentío y que nadie nos oyera. Tuvimos una discusión de como quince minutos sobre dónde ir, al final tiramos hacia mi lado porque yo era el de ciencias y tenía más sentido mi propuesta que la suya.

Anduvimos sin rumbo durante un rato, no iba mirado el tiempo, como no encontramos nada Abel decidió que era hora de hacerlo a su manera. Íbamos a buscar gente y espiarlos, sacaríamos conclusiones y correríamos para llegar antes que nadie.

No nos fue tan mal como esperaba. Encontramos el árbol antes que nadie, con la brillante bandera verde neón esperándonos. Salimos corriendo a la vez, me tropecé en el camino y Abel casi me arrastra de la emoción pero se paró a levantarme diciéndome que era un lento y un tonto pero da igual, teníamos la bandera.

Volvimos al punto de encuentro justo a las 12 en punto el problema era que... no había nadie, era ahí, ¿no?

-Abel. Te he estado siguiendo, ¿Dónde coño esta la gente?

-A mí me hablas bien, Arias.

Empezamos a discutir, yo estaba de los nervios porque estábamos puto perdidos, sin cobertura y se hacía de noche. Yo lo mato.

LyraHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora