"¿Doce y veintitrés? Joder". Me dolía todo, sentía arcadas y había un pitido que me estaba volviendo loca. Fue entonces que decidí encerrarme en el baño e inducir el vómito. No estaba segura de que aquello aliviase mi resaca, pero no iba a quedarme en la cama.
—Estoy hecha un desastre —dije al comprobar mi aspecto. Tallé mi cara, pero la sensación de asco no desapareció.
Todo era culpa de Amelia. Nadie, además de mí, era capaz de comprender lo aterradora que era. "¿Qué pensaba hacerme?", "¿estará trabajando con alguien?" —pensé tras haber vaciado el contenido de mi estómago—. "¿Es alguien que ya conozco?", ¿quién sino?".
Moví la cabeza en círculos al percatarme de lo que estaba haciendo. Tenía que relajarme, de otro modo, las paranoias acabarían consumiéndome la vida.
—Desgraciada —rugí e imaginé a Amelia sonriendo.
Justo en ese momento, me tragué un par de aspirinas y salí de la habitación. No era usual que me quedase en casa los sábados, pero iba a necesitar relajantes musculares y muchísima agua. Griffin me había follado durante toda la noche. "Y, creo que nos emborrachamos en los descansos que hacíamos para reponer fuerzas".
Miré de nuevo el reloj. Faltaban veinte minutos para la una. Y poco más de dos horas para que llegase Elías.
—¿Por qué habré aceptado? —me quejé mientras despejaba el desorden—. Sí, ya. Es que soy gilipollas.
De repente, oí un ruido en la habitación de Harper. Fue extraño. Ella solía ir los fines de semana a la biblioteca, o a la iglesia. O a cualquier otro sitio aburrido.
—¿Hay alguien? —Abrí la puerta y el tiempo se detuvo.
—¡Madre mía! —gritó.
Cuando conocí a Harper y a sus padres, solo se me vino una palabra a la cabeza: "mojigatos". Al fin y al cabo, era una familia de paletos religiosos con muchísimos prejuicios hacia mi crianza. Dicho esto, mi mandíbula quedó desencajada luego de ver a Harper tendida en la cama mientras su "amiga" le practicaba sexo oral.
—Perdona —Salí de allí tan rápido como pude—. Creí que algún imbécil se había colado en el departamento.
Pellizqué mis mejillas. Para este punto, no estaba segura de mi lucidez. ¿Esa era Harper? O sea, tenía su rostro, pero...
—¡Maca! —Me sobresalté al verla.
—No quise interrumpir tu "sesión de estudio".
—Ya... —murmuró—. Puedo explicarlo.
Mi compañera no estaba enfadada. ¿Por qué cojones no estaba enfadada? Vamos que, yo en su lugar lo estaría. Es más, creo que ya le había gritado un par de veces por no llamar. Y ese era el problema, si su reacción era mejor que la mía significaba que yo era despreciable.
Entonces tuve una idea: —Tal vez debería contárselo a tus padres.
—¿Qué?
—Es lo justo —continué con malicia—. Tú siempre me estás vigilando. Puede que ahora entiendas lo que se siente.
Harper permaneció en silencio. Se veía tan pequeñita. Dios, comenzaba a compadecerme de ella.
—Espero que no hayan cambiado de compañía telefónica. ¿Cómo es que se llamaban?
—¿¡Te parece divertido!? ¿¡Es que estás tarada!? —Salió la supuesta "amiga" en rescate. Ésta no era tan alta como yo, sin embargo, imponía un montón debido a sus músculos—. Lo tuyo es de manicomio. Jesús, es que no me sorprende que estes sola y sin amigos.
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Innecesariamente
JugendliteraturMaca es incapaz de confiar en nadie. Desde su perspectiva, las personas que se le acercan quieren joderla, o ya la han jodido en el pasado. Y Elías no es la excepción. Él reconoció haberle sido infiel a su novia con Maca, aunque no fuese verdad. Es...
