Maca es incapaz de confiar en nadie. Desde su perspectiva, las personas que se le acercan quieren joderla, o ya la han jodido en el pasado. Y Elías no es la excepción. Él reconoció haberle sido infiel a su novia con Maca, aunque no fuese verdad. Es...
Cinco días después, creía que las cosas iban a volver a la normalidad. O al menos, ya no tendría que esconderme de las fans de Rumi.
Griffin: ¿Quieres que nos veamos esta noche?
Maca: Tengo que estudiar
Griffin: ¿Aun estás cabreada?
Maca: No
Griffin: Venga, ya te pedí disculpas
Griffin: Elías es mi colega, y solo quería hablar contigo
Suspiré. No estaba enfada con él porque le hubiese dado mi dirección a Elías, sino porque tomaba decisiones estúpidas sin consultármelo. Y ya sé que no nos debíamos nada, pero aquello excedía mis límites.
Por otro lado, habría deseado que (como mínimo) se preocupase un poco más. O sea, Elías fue la razón por la que falté a clases toda la semana. ¿Tan insignificante era para las personas?
Maca: ¿Y cuál es el plan?
Conocía el plan, no obstante, me sentía un poco abandonada. En todos esos días, nadie me había preguntado cómo estaba. Supongo que no podía quejarme. Rechazaba las llamadas de mi familia, y era muy distante con quienes se me acercaban.
Esto es la vida real —pensé—. No le des vueltas.
Griffin: Hoy tengo la habitación libre. Compraré pizza y cervezas. ¿Te apuntas?
Hijo de puta.
Maca: ¿Puedo elegir la pizza?
Genial. Mi dignidad está por los suelos.
Griffin: Pues claro... ¿De qué la quieres?
Maca: Te lo diré luego.
¿Se puede ser más tonta? A estas alturas, me costaba entender el funcionamiento de mi cerebro.
A Griffin lo conocí en mi primer año de carrera. Tanto en físico como en personalidad, no vi algo que llamase mi atención. No obstante, fue el único que se molestó en enseñarme todas las instalaciones. ¿Me líe con él por esa razón? Puede. De todos modos, aquello no dejó de ser algo casual. Ni siquiera nos molestamos en ponernos etiquetas. Nada de folla-amigos, o amigos con derecho, si acaso conocidos. Eso sí, teníamos nuestros números agendados en el móvil.
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Alrededor de las ocho y veinte fui a la cafetería del campus. Tenía que hacer tiempo hasta que Griffin saliera de sus clases. Creía que sería una buena idea. Sin embargo, no podía estar más equivocada.
Ese día iba reencontrarme con el pasado. Y en este caso, el pasado se llamaba Amelia Sencianes.