Taeyong enciende la radio con los ojos cansados, sus lentes comienzan a mostrar el deterioro de pasar noches en vela leyendo cuanta novela romántica se le posa enfrente. No hay nada similar a su propia vida, los únicos que llegan a abordar el tema entre dos muchachos febriles son los griegos y no tiene la valentía para asomarse al texto sin las mejillas sonrojadas.
Se pregunta, entonces, si su Doyoung lo sabía, conocía lo que hacía y de dónde lo aprendió. Dongyoung probablemente no tenga la más mínima idea en cuestión de capacidades amatorias como solía el príncipe y Taeyong es demasiado pudoroso como para cerrar los ojos y dejarse ser besado.
Apenas hay noticias que no traten sobre la guerra, así que decide volver a apagar la radio cuando un ataque sutil a su nariz aparece a la vista. No estornuda, pero eso no evita que deje de picar y se obligue a buscar dentro de su propio hogar una razón.
—¡Mamá prendió incienso! —Escucha el grito cuando Jeno baja las escaleras.
—¡Jeno Lee! —Exclama ella y entonces nota la importancia del momento.
Jeno puede oler y no es temporada, no es primavera.
Un par de pasos atascados de prisa se arremolinan de un lado al otro por su casa, luego su propia puerta se abre de golpe y se miran estupefactos, a su hermanito lo aborda un increíble estupor que refleja su confusión.
—Jeno...
—¡Jeno, ven aquí ahora mismo!
El muchacho tropieza con sus pies y abandona la habitación dejándolo en el mismo estado, como una hoja en medio de una laguna, tan lejos de su naturaleza que no es capaz de admirar otras opciones.
Taeyong se deshace de las telas que lo amarraban a la cama para bajar corriendo al encuentro en la cocina, donde sus padres luchan por atrapar a Jeno mientras gritan cosas sin sentido para el momento.
Está asustado hasta la raíz. Ve a su madre colocar el soporte sobre la mesa que los separa cuando Jeno toma el insecticida y, eso, denota lo aterrado que se encuentra, porque ella toma un respiro y da un paso atrás.
—Jeno, deja eso, sabes que es peligroso—indica su padre y su hermano mira sus propias manos temblando antes de dejarlo con tranquilidad.
—Lo siento, mamá, pero tengo miedo, apenas lo comprendo, ¿pueden dejarme ir ahora? —Suplica dando a entender que después de resolver sus asuntos, estará en la mejor disposición de entablar una conversación sobre su bloom.
—Cariño, por favor, dime que no es lo que creo, eres muy joven—dice Yoon limpiando sus manos sobre su mandil. —Lo siento, reaccioné de una forma extraña, pero eres mi bebé, Jeno, y no has hablado sobre esto.
—Ven y cuéntale a mamá y papá, por favor—pide Taemin paciente.
Cuando le dirige la mirada, se detiene por unos segundos, entiende por qué está tan asustado.
El florecimiento es una etapa importante, indica que cada florista o come flores se encuentra en una época apta para encontrar el amor, es como cuando los capullos se abren y las abejas buscan el polen para hacer miel, un proceso que cada padre debe explicar a sus hijos: la unión de dos factores importantes de la madre tierna; sin embargo, se descarta el hecho de los humanos interviniendo.
«Jaemin» es lo que musita Jeno en dirección a su hermano antes de salir corriendo sin darle oportunidad a sus padres de exigirle que use una bufanda.
—Ese niño—gimotea Yoon tomando asiento finalmente.
Taeyong sigue en la puerta de la cocina cuando su padre alza una ceja en su dirección, alza los hombros y lo invita a desayunar.
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EPILOGUE: SNOW FLOWER [DOTAE]
FanfictionA nadie le gusta el final de la historia, pues no se puede volver a retomar lo que fue olvidado; sin embargo, la sangre de Doyoung se derramó para dar frutos de amor, así que Taeyong sigue en la tierra, esperando ver las flores marchitarse con él al...