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Se podría decir que Yashiro era una chica normal... sin embargo, eso no era del todo cierto, ya que ella era la asistente de una aparición. Para ser exactos, la asistente del Séptimo Misterio de la academia Kamone: Hanako-kun, del baño. ¿Y cuál era el trabajo de esa aparición? Fácil. Mantener el orden entre humanos y apariciones. ¿Y qué era lo que hacía ella como asistente? Pues... debía limpiar baños.
──P-pero... ──decía ella──. ¡Por favor! La juventud es corta, y yo estoy desperdiciando la mía... Además, hoy un chico me invitó a salir y... ¡Hanako-kun! ¿no podrías...?
──Nop ──entonces el fantasma se le acercaba y la abrazaba por la espalda, susurrando en el oído de la albina── Quédate...~ yo te trataré mejor que cualquier otro~
Así estaban las cosas para la chica, hasta que conocieron a Kou.
El chico era el hijo mediano de una familia, la cual pertenecía a un clan muy famoso de exorcistas: El Clan Minamoto.
Con la llegada de Kou-kun, las cosas cambiaron un tanto... ya que él siempre salía en defensa de la Daikon, cuando el espectro la quería obligar a hacer algo. Y la razón, era que, él se había enamorado de Yashiro desde la primera vez que la vio, y eso obviamente no pasó desapercibido por el oji-ámbar, quien, cuando los veía que estaban muy juntos, siempre se ponía en medio y los separaba.
Pasado un tiempo, esto ya se había convertido en un gran problema, pues el azabache también se había enamorado de la albina, y no iba a permitir que nadie se la quitara. Sin embargo, unos meses después, la chica empezó a dar muestras, por su actitud, de que le gustaba Kou.
──M-minamoto-kun... e-estás muy cerca ──había dicho una vez, en la que, Kou, "accidentalmente" había tomado la mano de la albina al tratar de explicarle una tarea.
──¡Oh, p-perdón! ──se separó el chico, sonrojado ──. L-lo siento, Senpai... no me di cuenta...
──E-esta bien, no te preocupes.
Hanako-kun, quien los observaba desde lejos, no pudo evitar sentirse molesto con el joven...
Si las cosas seguían como estaban, Yashiro y el joven terminarían siendo novios, y eso era lo último que el fantasma deseaba. Debía hacer algo, ¡y ya! ¿Pero qué...? La solución llegó de forma rápida a su mente: Debía asesinar al joven. Al considerar esa posibilidad, una sonrisa psicópata apareció en su rostro. Ya tenía experiencia en eso, después de todo había matado a su propio hermano antes. Además, es la única solución, pensó. Pero, ¿y... si Yashiro se negaba a ser su novia aún cuando el joven estuviera muerto? Bueno, en ese caso, también la mataría..., rió para si mismo, porque si no es mía, no será de nadie...